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¿Donde achicar el gasto? Dudas del gobierno, impacto en los mercados – Por: Valeriano Colque

Macri y sus funcionarios alcanzaron renombre al afirmar que “el segundo semestre” sería mejor. Ocurrió en 2016 y en 2017. El que arranca, por contrapartida, tiene pocos ingredientes en materia de publicidad.

Tal vez, es el semestre menos apreciado del Gobierno. Salvo para un sector de la sociedad, que entiende que la administración central y las empresas públicas deben achicar de manera tajante el déficit público con el fin evitar que el financiamiento de ese desequilibrio genere inflación o una deuda impagable, que traería aparejado una crisis mayor que la actual. Los argentinos esperamos “mensajes optimistas” (de allí el otrora famoso “segundo semestre”) antes que prestar oídos a malas noticias.

Con todas las trabas que le generó la oposición, no es posible imaginar si Macri hubiera exigido, cuando asumió, ‘sangre, sudor y lágrimas’, como Winston Churchill.

La realidad parece darle la razón. Los programas periodísticos caen en audiencia cuando se empieza a machacar sobre el mal momento que está pasando el país. Pocos quieren prestar atención cuando se hace referencia a los malos datos; pero que los hay, los hay. La actividad económica cayó 0,9 % en abril, aunque mantiene un número positivo para el año: 2,4 %, según datos del Indec.

El factor determinante fue la sequía, que redujo la producción de soja y de maíz en unos 24 millones de toneladas, en relación con el ciclo 2016-17. Los menores ingresos para el sector agropecuario se calculan en más de 8.000 millones de dólares. Casi un tercio de esos ingresos se destinaban al Estado en sus tres niveles.

La consultora de Orlando Ferreres estimó una baja de 2,8 % de la actividad en mayo, fruto de la sequía y el impacto negativo de lluvias tardías, además del inicio de la crisis cambiaria-financiera. Se confirma así la caída de una racha de crecimiento de 14 meses.

Los empresarios esperan que les reboten los cheques para no pagar el costo de un descubierto por encima del 50 %. Luego, arreglan con el acreedor sobre la interrupción de la cadena de pagos. Las medidas oficiales, como el descuento de cheques a las Pyme al 29 % que promete el Banco Nación, siempre tardan en llegar.

Macri y sus funcionarios dudan dónde aplicar un ajuste de 200.000 millones de pesos que el FMI espera ver en el Presupuesto 2019, que se presentará el 15 de septiembre.

¿Seguir con la quita de subsidios al consumo de energía y al transporte público; denunciar los cuatro millones de jubilaciones que se otorgaron durante el kirchnerismo; paralizar la obra pública; transferir servicios y obras a las provincias, suprimir la reducción de las retenciones a la soja, etcétera? No está claro qué hará el Gobierno. De allí la factura que están pasando los inversores sobre el dólar y los bonos argentinos.

Aunque nadie quiere escuchar malas noticias, el Presidente debe hablarles con claridad a los argentinos.

Presión sobre el dólar. El Banco Central de la República Argentina decidió mantener en 40 % la tasa de interés de la política monetaria ante la “aceleración adicional” que registró la inflación por la crisis cambiaria.

La voluntad del Banco Central es mantener ese nivel hasta que la trayectoria de la inflación, así como las expectativas de los agentes de mercado, se alineen con la meta de 17 % en diciembre de 2019.

El nivel actual de la tasa se estableció en mayo pasado, para tratar de contener el flujo monetario apenas se desató la crisis del dólar. Ahora se ratificó ante la “aceleración adicional” de la inflación en junio. Esos saltos inflacionarios reflejan los efectos directos e indirectos de una significativa inestabilidad cambiaria en las últimas semanas.

Recordando que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que elabora el Instituto Nacional de Estadísticas (Indec) registró en mayo un avance interanual de 26,3 %, la perspectiva actual sigue demandando el mantenimiento del sesgo contractivo de la política monetaria.

Al respecto, la autoridad monetaria reconoció la presencia de riesgos de mayor inflación a la esperada en caso de un traspaso del tipo de cambio a los precios minoristas mayor al previsto. Y, en tal sentido, es necesario recordar que el primer impacto de la crisis del dólar en los precios se evidenció en los productos a nivel mayorista, que en mayo avanzaron más de 7,5 %.

De todos modos, los últimos datos disponibles, ya muestran una deflación, y las proyecciones del Banco Central sugieren una desaceleración de la inflación en las semanas siguientes, con un promedio esperado de inflación entre julio y septiembre menor a 2 % mensual, mostrando una reducción creciente a medida que nos alejamos del shock de precios de las últimas semanas.

El dólar, a tono con la centralidad que adquirió en nuestra sociedad–fenómeno inexplicable en otras latitudes–, ocupa el podio de las preocupaciones.

No se está ante un panorama como la tormenta cambiaria de mayo, pero la incertidumbre va en aumento porque se van sumando factores externos que golpean al país (suba del barril de petróleo, baja del precio de la soja a 316 dólares la Tn y con perspectivas de seguir bajando, entre otros), la sequía que implicó 8.000 milllones de dólares menos y también crecen las dudas de los inversores sobre la eficacia de la política monetaria para defender al peso y sobre el plan macroeconómico. En el medio, el Banco Central subió los encajes bancarios y bajó la tenencia de dólares de las entidades financieras, inició el desarme de Lebac, vendió 650 millones de dólares del Tesoro (que llegaron del FMI) y acordó con las cerealeras un mayor nivel de liquidación.

La pregunta del millón entonces es: ¿por qué sube otra vez el precio del dólar? La causa principal es que la oferta privada no logra cubrir la demanda y los vendedores piden precios más altos cada día para desprenderse de sus dólares. Esa situación se da, a su vez, por una multiplicidad de factores. A esta altura del mes, incide fuerte la demanda para cumplir con pagos por importaciones y otros compromisos. Además se acercan las vacaciones de invierno, y quienes tienen pensado viajar al exterior compran dólares. En mayo, por ejemplo, se vendieron 862 millones para turismo. En junio, ese monto sería superado.

También se superaría otro número: los 3.439 millones para atesoramiento. Es que los ahorristas no confían en el peso, incluso con la suba de tasa hasta el 47 % anual que Caputo convalidó para las Lebac que vencen en julio. En los últimos 12 meses, los argentinos y extranjeros que tenían inversiones financieras en la Argentina compraron 33.252 millones de dólares y los “fugaron” del sistema bancario. O se los llevaron al exterior o los guardaron “debajo del colchón”.

Otro dato que agregó nerviosismo fue el rumor sobre la posibilidad de que el Gobierno implemente un impuesto a los gastos en pasajes y compras en el exterior, el cual fue negado  de plano por funcionarios de Economía.

Mientras la legión de economistas argentinos, los más buscados por los productores televisivos, no logra ponerse de acuerdo sobre si para frenar el dólar el Banco Central, y ahora el Tesoro, deben poner más o menos billetes verdes a disposición del voraz mercado, hay un dato que a muchos no deja de llamarles la atención. El dólar blue, que venden los arbolitos o las cuevas informales, terminó la semana 62 centavos por debajo de la cotización del dólar oficial, cuyo valor generalmente se toma de la cotización que suministra el Banco de la Nación Argentina.

En efecto, ese dólar también conocido como “paralelo”, que durante el cepo del kircherismo se ubicó hasta un 45 % por encima del oficial, quedó un  2 % menos lo que marca, según operadores del mercado, que hay mucha gente haciendo pingües ganancias con la volatilidad de la divisa norteamericana. Pero, al revés de lo que uno podría razonar, esas ganancias no se ubican (al menos, no tanto) en el mercado negro de la divisa, sino en el circuito oficial del dólar.

¿Cómo es esta minibicicleta financiera? Sencilla: compran dólares en las subastas del Banco Central, y ahora también del Tesoro, al precio oficial y lo ofrecen un peso más caro. El circuito se retroalimenta y el dólar sube ese peso en el mercado. 

En un día como ayer, los bancos y las empresas que participaron de ese mini-carry trade, donde el Estado (para simplificar el concepto) ofreció 450 millones de dólares, pueden haberse llevado hasta 450 millones de pesos de beneficio en unas horas. O puesto en dólares, 15 millones. Sideral para apenas un rato de “tome y traiga”.

La suba del viernes 29 se dio a pesar de que el dólar se debilitó en el mundo, poniendo pausa a una racha alcista seis jornadas, por una revisión a la baja del crecimiento estadounidense durante el primer trimestre del año. Pero a pesar de esa pausa, los inversores del mundo se siguen retirando de los mercados emergentes–entre los que está la Argentina–para buscar “destinos más seguros” para sus capitales: venden sus bonos, letras o monedas locales y van al dólar.

No obstante, a ningún país del planeta esta situación le pega con tanta virulencia como a la Argentina.  Por su tamaño pequeño, el mercado argentino no tiene capacidad de respuesta ante los golpes externos. Y además comenzaron a impactar con fuerza las previsiones de recesión reconocidas por el propio Gobierno para este trimestre y para el próximo. Sin una previsión certera y concreta de cuándo finalizará ese bajón.      

     pie-Dr-Valeriano-colque

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