Paro de la CGT: Enorme desacierto que roza la sinrazón – Por: Valeriano Colque

La Confederación General del Trabajo (CGT) anunció un paro nacional para el 25 de junio. Es un enorme desacierto.

El país no está para huelga, más bien está para diálogo. Un diálogo que demanda–de todos sus actores–tolerancia, dialéctica, capacidad de persuasión y disposición a conceder frente al discernimiento de los demás.

El campo sindical está sesgado por tensiones propias, a raíz de las internas en el sector gremial. En ese ámbito, hoy todos juegan a ver quién es el más duro frente al Gobierno nacional.

Anunciado el paro de camioneros y la movilización de Hugo Moyano junto a la CTA, el inestable y desprestigiado triunvirato de la CGT interpretó que debía romper el diálogo con los ministros de Mauricio Macri y ponerle fecha a su tercer paro contra el Gobierno. Lo que roza la sinrazón es que llamó a una huelga en demanda de lo que no había reclamado durante la negociación que abandonó.

La CGT pidió recomposición salarial, dinero para las obras sociales, que el aguinaldo no tributara Ganancias y que el Estado frenara despidos. El Gobierno respondió favorablemente a los dos primeros asuntos y relativizó las restantes. Todo parecía pertinente; un cierto razonamiento conducía el intercambio entre las partes. Pero al justificar la medida de fuerza, la CGT pasó a exigirle al Gobierno un cambio de plan económico. El giro, y el pedido en sí mismo, es insólito o sorprendente por donde se lo mire.

La CGT puede optar, junto a un sector de la oposición política, por oponerse al acuerdo que el Gobierno acaba de suscribir con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Podría, en consecuencia, negarse a convalidar una política “de ajuste”, para usar los términos con que ellos se expresan, en consonancia con las nuevas metas fijadas para las variables económicas.

Pero no puede querer paralizar al país con la expectativa de que el Gobierno entre en una crisis de tal envergadura que prefiera deshacer ese acuerdo y pactar con la CGT un nuevo plan económico a tono con la perspectiva de la central obrera.

Por otra parte, y más allá del desprestigio internacional que provocaría una crisis institucional argentina de estas características, la debacle socioeconómica sobreviniente sería perjudicial para los grupos sociales a los que la CGT aduce representar. Razonando por el absurdo, generaría mucha más pobreza que el “ajuste” de Macri y el FMI.

Es por ello que la mejor manera de velar por los intereses de los segmentos más vulnerables de la sociedad argentina es a través del diálogo con el Gobierno y la consiguiente instauración de los compromisos que sean necesarios.

En otras palabras, toda la dirigencia argentina debe comprender que el diálogo, la negociación y el consenso son la única vía para armonizar los intereses de las partes con el bien común.

Un informe que desmistifica el impacto real del “Tarifazo”. Durante el desarrollo del Ciclo de Coyuntura organizado por la Bolsa de Comercio de Córdoba, el Instituto de Investigaciones Económicas (IIE) de dicha Entidad, desmitificó algunos aspectos de la readecuación tarifaria aplicada por el Gobierno nacional entre los cuales se cuenta que los aumentos estuvieron “muy por debajo” de los incrementos salariales, el tipo de cambio y los precios.

Un trabajo, expuesto por la economista Florencia Costantino, puntualizó que el peso actual de la energía sobre los salarios es menor que el existente en el año 2000, ubicándose en el 3,4 % del ingreso mensual de las familias, cuando en países como Brasil y Uruguay alcanza el 10 %.

También señaló que esta política aplicada por la Nación “corrige estas distorsiones cuidando vía tarifa social a los hogares más vulnerables”. Entre 2012 y 2015, los hogares más ricos recibían el doble de subsidios que los más pobres, indica el estudio. 

Concretamente, el quintil más pobre recibió 12.000 millones de dólares de subsidios, mientras que el quintil más alto se ahorró en ese período 23.000 millones.

A fin de 2015 el precio mayorista de la electricidad sólo remuneraba el 15 % del costo de la generación eléctrica y en la actualidad alcanza al 82 %, mientras que sumará el 90 % para el año próximo.

Otro mito que rompió el estudio es el vinculado con el peso del llamado “tarifazo” por sectores sociales. Sobre 13,5 millones de hogares con electricidad, el 30 % paga tarifa social. 

En el caso del gas, sobre un universo similar, el 14 % abona tarifa social y el 20 % está alcanzado por el programa Hogar, de garrafas más baratas.

Al abordar la situación de las tarifas de cada jurisdicción, el IIE puntualizó que, en diciembre de 2015, el costo del kilovatio hora en Buenos Aires era de 0,07 pesos, mientras que en las provincias del interior ya llegaba a 1,33, casi un 100 % más que en Buenos Aires.

Ahora, en febrero pasado, con los aumentos en Edenor y Edesur, ese costo subió a 1,66, pero en las provincias del interior era de 3,28 pesos, un 97 % más. La readecuación tarifaria contribuye a disminuir distorsiones regionales generadas con el esquema anterior.

En conclusión: El esquema aplicado hasta 2015 implicó un fuerte atraso tarifario, distorsión de precios relativos (sectoriales y regionales), un abultado y creciente déficit fiscal y un esquema regresivo de subsidios. La readecuación tarifaria corrige estas distorsiones cuidando vía tarifa social a los hogares más vulnerables.

pie-Dr-Valeriano-colque

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