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El consenso será clave para cumplir el acuerdo y evitar una crisis – Por: Valeriano Colque

La fisura que representó la actualización de las tarifas quedó de manifiesto otra vez. Los sectores y economistas afines a las políticas de Mauricio Macri aplaudieron el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que asegurará al Gobierno nacional un auxilio de 50.000 millones de dólares para hacer frente al desequilibrio externo al menos hasta 2021; el peronismo y las organizaciones sociales lo criticaron.

La sociedad desconfía del FMI. La demonización realizada por Néstor Kirchner y Cristina Fernández todavía tiene sus efectos sobre los argentinos, que en su gran mayoría desconocen que el anterior gobierno prefirió pagar tasas del 15 % a Hugo Chávez antes que aceptar un préstamo del Fondo a un tercio de ese interés. Lo que molestaba antes–y molesta ahora–son las reglas que sugiere el organismo para alcanzar el equilibrio fiscal y que se cancele la deuda contraída por la Argentina cualquiera sea el gobierno de turno.

Ahora, al igual que antes, fue el Gobierno el que resolvió buscar la ayuda del FMI, en momentos que el mundo decidió no prestarle a la Argentina y la salida de sus inversiones financieras debido a la desconfianza sobre la situación nacional.

Macri no podrá llevar a la práctica una fenomenal reducción del déficit fiscal–estimado a valores de hoy en más de 220.000 millones de pesos para 2019–sin el acuerdo de la oposición. Tampoco lo podrá hacer si la sociedad no percibe sobre cuál es el sacrificio que deberá hacer para corregir  el déficit en las cuentas públicas, porque ese fue la conducta del Estado en los últimos 60 años.

No existe acuerdo en la sociedad sobre cuál es el tamaño del Estado que los argentinos están dispuestos a sostener con sus impuestos (o con inflación, si el déficit no se corrige). El consenso debe atravesar la zaranda de los gobernadores, en cuyas jurisdicciones se percibirá con más fuerza el ajuste de personal y de funciones del Estado nacional.

La eliminación de subsidios económicos continuará. Por ende, la electricidad y el gas seguirán aumentando. La obra pública que no tenga financiamiento del Banco Mundial, del BID y del Banco de Desarrollo de América Latina (ex-CAF) deberá ser asumida por provincias o municipios, salvo que los privados estén interesados en desarrollarla bajo la modalidad de los programas PPP (Participación Público-Privada). El acuerdo Stand By demanda reducir las transferencias a las provincias, que crecieron 45 % este año en virtud del Compromiso Fiscal de 2017.

¿El Fondo de Incentivo Docente deberá ser asumido por las provincias, al igual que los programas de educación y salud de la Nación, entre otras funciones que serán traspasadas? Los primeros borradores del Presupuesto 2019 van en esa dirección. El consumo interno disminuirá en los próximos meses. En mayo, las ventas de los comercios minoristas cayeron 2,8 %.

El consenso entre el Gobierno y la oposición es clave para cumplir el acuerdo y evitar una crisis. La sociedad debe ser consciente de lo que le espera. Macri y sus ministros deben hablar claro y evitar las referencias o eslóganes optimistas. De nada sirvieron en los dos últimos años.

Que el esfuerzo no sea en vano. Lo correcto es que la sociedad se percate de que la economía está encarrilada. El camino conlleva una trayectoria que ha sido diseñada para que el recorrido nos encamine a un destino predeterminado.

En lo opuesto, está la peor de las percepciones: la sociedad ve a la economía que corre sin avanzar hacia ningún lado. El gobierno de Mauricio Macri no logró aún que la economía fuera percibida que marcha sobre rieles. Pero, hasta la corrida del dólar, conseguía al menos que la mayoría no lo notara.

¿Cómo lo lograba? Con un discurso con miras a llevar optimismo utilizando una mezcla de gestos y de frases impactantes. Lograba transmitir total convencimiento sobre lo que exponía a la vez que irradiar el optimismo de que pronto llegaría el alivio, y luego la recuperación.

Pues bien, la corrida del dólar marcó una vuelta de página. Terminó la etapa de contagiar entusiasmo. De ahora en más, a la palabra sólo la van a tener los precios en las góndolas y el poder adquisitivo del salario.

El sacrificio, por perturbador que sea, tiene sentido en tanto se anuncie una acción alentadora. Pero si no está conducido a la solución del problema, se vuelve un sacrificio inútil. Y todo sacrificio inútil resulta insoportable.

Las encuestas están mostrando la vuelta de página que produjo la corrida del dólar y su secuela: el aumento de los precios. Según los sondeos, cayó la imagen del Gobierno sobre todo en las clases medias.

Que Cristina no esté creciendo en proporción al respaldo que pierde Macri evidencia que la sociedad la señala como la causante del problema que el Presidente aún no puede resolver. Dicho de otro modo, en la percepción social, Cristina dejó una bomba y Macri no pudo, hasta ahora, desactivarla. Como los demás actores políticos tampoco capitalizan la pérdida de confianza en la capacidad de Macri para generar crecimiento con descenso de la inflación y de la pobreza, se deduce que, en la percepción social, ningún dirigente tiene idea de cómo resolver la cuadratura de círculo que dejó el gobierno kirchnerista: un déficit descomunal, con tarifas por el piso fomentadas por una gran cantidad de subsidios. No obstante, que la mayoría de los argentinos perciba que la herencia es una bomba, y que en la oposición tampoco hay nadie que sepa desactivarla, no debiera aliviar al oficialismo.

En Cambiemos, la única reflexión admisible es que el discurso optimista del Presidente y de sus allegados causan poco efecto. Por cierto, de nada sirve cambiar el discurso si no se cambian las políticas que no tuvieron éxito en las metas planteadas de bajar el déficit, la inflación y la pobreza.

Al saber que en la vereda de enfrente hay quienes están financiando, planificando y organizando un estallido social que cause represión con muertos para que caiga Macri, el Gobierno debiera concentrarse en lograr una reactivación que perciban todos los sectores. Especialmente esas franjas que sienten que su esfuerzo, al menos por ahora, les resulta inútil.

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