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La crisis argentina no es económica ni financiera, es dirigencial… – Por: Daniel Salmoral

Muy pocos cuidan los fondos públicos como si fueran propios. Los argentinos debemos reflexionar y cambiar”, dijo el senador nacional, Juan Carlos Romero, en una entrevista que le hicieran en el programa “7 PM” por FM Pacífico horas atrás y con su aseveración, está poniendo sobre el tapete, una de las peores facetas que muestra buena parte de quienes hoy tienen la responsabilidad de guiar los destinos de nuestro país.

Sus dichos, son sólo un aspecto de los muchos que el ciudadano de a pie tiene para reclamarle como profundas y pereenes fallas a la clase dirigente que, se supone, tiene el deber de conducir la marcha de los pueblos hacia sus grandes logros.

Por estas horas, los argentinos asistimos a este cruce de pirotécnia verbal y de la otra, entre distintos sectores políticos que están en pugna no por imponer sus mejores ideas sino para desgastar al otro y ver si, en una de esas, el esmerilamiento da el resultado esperado y consiguen sacar algún rédito electoral en el comicio del año que viene.

Los oficialistas, eufóricos y triunfantes, festejan el crédito de 50 mil millones de dólares que le autorizó el Fondo Monetario Internacional, como si este nuevo endeudamiento solucionara, mágicamente, los problemas que arrastra este país año trás año.

La oposición a todo esto y por medio de sus distintas caras, con algunos más moderados y otros más crudos, desparraman pesimismo y afirman que con este acuerdo, el país, ya sin joyas de la abuela que rematar, le terminó vendiendo el alma argentina al mismísimo Diablo.

Los kirchneristas y cristinistas, juntos en esta ocasión con un cardúmen de oportunistas y fracasados en política, pero ahora avenidos en “iluminados salvadores” del país que ellos mismos se encargaron de hundir en base a pura ineficiencia, son los que por estas horas baten el parche diciendo que esta vuelta al FMI, es algo parecido a iniciar un tours guiado por las entrañas del averno.

Los más modositos, llamensé peronistas de modales refinados y elegantes, también cascotean el acuerdo con la esperanza que la figura de Mauricio Macri y sus aliados de Cambiemos, se rajen lo antes posible del gobierno y permita, por fin, el regreso del PJ al poder que tanto extrañan.

Ni los del gobierno ni los de la “opo”, tienen razón.

Los primeros no pueden festejar haber endeudado al país por varios años, y los otros tampoco pueden celebrar nada porque fueron ellos y ningún ser extraterrestre los que dejaron al país al borde del abismo y sin paracaídas.

La impericia y soberbia de los macristas; la caradurez y chantanería pura de los K, más la poca seriedad que salió a la luz a la hora que hace falta que los “neo peronistas” salgan a la luz como “creíbles”, exhiben un cuadro dirigencial político argentino, lamentable.

¿Tiene algún asidero que los funcionarios de Economía de Macri argumenten como única causal de esta situación que “los mercados internacionales cambiaron”?

¿Es creíble que la caterva de chorros e inútiles kirchneristas que usaron los despachos oficiales durante doce años para afanar y fabricar pobreza salgan hoy a pedir explicaciones cuando son ellos los que deberían darlas?

¿Pueden aparecer como confiables y figuras de recambio para gobernar, peronistas que se mostraban como “garantistas” de gobernabilidad pero a la hora de aportar racionalidad y erradicar propuestas demagógicas y facilistas se hayan sumado a ellas graciosamente con la idea de ver si sacan algún provecho electoral en el menor tiempo posible?

Por supuesto que no.

Los funcionarios del gabinete presidencial, lo primero que tendrían que haber hecho, con humildad y grandeza a la vez, era decir: “No nos dimos cuenta que estabámos chocando la calesita y que la tortuga se nos estaba escapando por lo tanto pedimos disculpas” y sin estridencias de ningún tipo, huir en silencio por la puertita de atrás de Balcarce 50.

Los K, podrían, a manera de contribución ahora que la Patria está en peligro, haber comenzado por devolver el producto de tantos atracos que realizaron en más de diez años y también, disimuladamente, tomarse el raje. A estas alturas, en verdad, ya no importa demasiado si “ellos y ellas” se van sin pedir disculpas.

Y al final, los otros, los perucas que se disfrazan para no parecer tales, también tendrían que haber arrancado diciendo que en verdad, en realidad, sinceramente, no se sentirían mal si Macri se va del gobierno sea en helicóptero o en un tranvía conducido por algún metrodelegado.

Alguno de estos últimos y a manera de justificación, dijeron que se dejaron llevar, legislativamente hablando, por ese personaje que hizo varios cursos para fracasar muy seguido en política llamado Sergio Massa.

Éste último, un improvisado total, que sabe que la única posibilidad de algún regreso sin gloria a las marquesinas políticas sería posible si sus rivales fracasan de manera más estrepitósa que él, aguarda agazapado en las sombras que todo explote para entonces salir diciendo:”¿Vieron que éstos eran peores que yo?”. Delirio propio de alguien que, ya no quedan dudas, vive en un termo pinchado.

Por otro lado, los gremialistas, varios de ellos imposibilitados de explicar con papeles en mano como pasaron de simples obreros o choferes a éxitosos y millonarios empresarios, tambien suman lo suyo a este aquelarre dirigencial argentino.

Con la marcha peronista entre los labios y la palabra “compañero” a boca de jarro, siempre han sido ellos lo que se quedaron con la parte del león, mientras muchos trabajadores a los que decían defender, se han tenido que conformar con desempleo, miseria, y quedaron, prácticamente para siempre, colgados de la brocha.

Todos esos verdaderos buscas y expertos fabricantes de golpes a gobiernos legítimos, también traen sus petates y se suman al acampe de dirigentes argentinos “buscapinas” y traidores.

Los dirigentes” empresarios, en tanto, no se quedan atrás.

Llorones y ventajeros por naturaleza, siempre estuvieron dispuestos a socializar pérdidas y embolsillar solitos las ganancias.

Nunca fueron capaces de algún sacrificio cierto en aras de un bien común o del país que les permitió crecer, a muchos de ellos, como jamás se hubieran imaginado.

Sobre la otra “dirigencia”, la del fútbol por ejemplo, no hace falta que se diga demasiado.

Con sólo ver lo que este deporte, el más importante del país vive en estos últimos tiempos, alcanza para ejemplificar su accionar.

Clubes pobres y en bancarrota; canchas sin público visitante; violencia por doquier; mafias actuando bajo su protección pero eso si, con dirigentes millonarios, es otra cara de la decadencia dirigencial de este país.

Ante estos ejemplos, queda en claro que no a todos, solamente a muy pocos, “dirigentes”, les importa lo que siente y sufre el ciudadano sencillo que trabaja todos los días de manera honesta para llevar la comida a su mesa.

Un hombre como éstos, que laburó y laburó, mientras contaba los míseros mangos de jubilación que cobra, decía lo siguiente: “Si algún marciano bajaría a la Argentina con miles de millones de dólares y diría que viene a traernos toda esa plata para que salgamos del pantano en el que estamos desde hace mucho tiempo, no serviría de nada si no somos capaces, como sociedad, de sacarnos de encima estos mal llamados “dirigentes”. Mientras existan, nunca saldremos”, afirmaba.

Las sociedades avanzan, se estancan o retroceden, de acuerdo a las propuestas y el ejemplo de sus líderes.

La historia muestra cómo, de la mano de hombres y mujeres con visión de estadísta, los pueblos pueden superar y sobreponerse a tiempos trágicos.

La Inglaterra Victoriana gobernada por esa enorme figura que fue, Sir Winston Churchill, es un claro ejemplo de ello.

Es responsabilidad solamente de los ciudadanos, buscar a esos hombres y mujeres capaces de indicarles la salida de aquellos tenebrosos laberintos.

Esperemos que después de tantos fracasos, los argentinos finalmente sepamos elegir a quienes nos guiarán para encontrar la salida de tan oscuro túnel en el que, por ahora, nos encontramos.

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