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El peso de la carga tributaria en las tarifas – Por: Valeriano Colque

Cuando analizamos en detalle en las boletas el costo de los servicios públicos, vemos que el Estado, en todos sus niveles, agregan impuestos o contribuciones sobre la electricidad, el agua o el gas. A eso se suman cargos diversos con fines específicos (por ejemplo, en Salta, en el capítulo de Aguas del Norte, se agrega “Fondo de Inversión Operativa”).

Nadie se quejaba mientras estuvo subsidiado y se pagaban valores irrisorios. Pero con los aumentos tarifarios de los últimos años, la carga impositiva comenzó a tener preponderancia en la agenda a tal punto de que el oficialismo, propuso la reducción del IVA que está incluido en las tarifas, del 21 al 10,5 % para residenciales y del 27 al 21 % para las Pyme.

Como el IVA es un impuesto coparticipable, todos dejan de percibir un poco con miras a evitar que el incremento del precio impacte de lleno en el bolsillo. Según estimaciones del Ejecutivo nacional, el costo de eliminar totalmente ese impuesto sería este año de entre 30.000 millones y 40.000 millones de pesos. Con este esquema, sería la mitad, y el Tesoro Nacional sacrificaría entre 7.000 millones y 10.000 millones de pesos. No deja de representar un monto igualmente importante, teniendo presente el objetivo de acelerar la reducción del déficit fiscal que se planteó por estos días el Gobierno nacional.

En el caso del gas, al observar en detalle todo lo que se cobra, de los 10 ítems que integran el valor total por pagar, sólo 2 corresponden al precio: el cargo fijo y el referido a los metros cúbicos consumidos. Los otros 8 rubros son adicionales tributarios. Además del IVA nacional, se incluye el impuesto al cheque (ley 25.413), Ingresos Brutos al transporte y la distribución, y tributos municipales (Comercio e Industria, del 0,77 % y una percepción del 8 %).

Como si fuera poco, hay otro cargo (del 2,67 % en 2018) para un fondo fiduciario que subsidia el consumo en la Patagonia y en Malargüe (artículo 75, ley 25.565).

Entender esta boleta requiere de un nivel de análisis que, en general, no realiza un ciudadano común. Si lo hiciera, vería que los impuestos representan el 29 % del total, pero si se los calcula en función del precio del gas, adicionan un 40 %. Para que se entienda, cualquier suba en las tarifas se amplifica en un 40 % por efecto de la carga tributaria. De este total, sólo se está hablando de reducir 10,5 % por IVA.

Estrategias para reducir el déficit fiscal y nivel del dólar. Al analizar el programa o actividades a desarrollar por el Gobierno para reducir el déficit fiscal, hacemos referencia acerca de los desafíos para poner en práctica el ajuste y sobre el nivel del dólar luego de la crisis cambiaria reciente.

El Gobierno está bien encaminado para bajar el déficit fiscal este año. Venía superando las metas y se encuentra bien posicionado para alcanzar el 2,7 % propuesto, e incluso un poco menos, según cómo impacte la desaceleración de la economía en la recaudación. El año que viene dependerá de la meta por negociar con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Para llevar adelante el ajuste,  es necesario más que fortaleza política, lo que implica un ajuste fiscal, es tolerancia al costo político, admitiendo que el escenario no es el mismo, que será complicado transmitir buenas noticias en 2018 y que es probable que la imagen del Gobierno no remonte, y que incluso se deteriore, de acá a fin de año. Pensamos que el Presidente tiene la convicción necesaria para atravesar un segundo semestre políticamente complicado. Resta conocer si el Gobierno mantiene su capacidad de negociación con el resto de los actores políticos. Recordemos que el recorte se instrumentará mayormente a través del Presupuesto 2019, que se debatirá en el Congreso.

Los mayores obstáculos para aplicar el ajuste son conocidos: dos tercios del Presupuesto son gastos sociales y previsionales, que ajustan automáticamente y no son parte de los ítems a  recortar. La carga tributaria es alta y elevarla sería contraproducente con una economía que necesita crecer. Los impuestos son cíclicos: la recaudación caerá con el nivel de actividad. Todo esto deja un margen limitado para reducir el gasto sin inducir un círculo vicioso como el que vivimos en 2000-2001. En ese marco, creo que se pueden posponer algunas medidas, como el mínimo no imponible de contribuciones, eliminar algunos subsidios como el que recibe el tight gas (de modo de concentrar el incentivo en el shale) y acelerar la consolidación del Gobierno central eliminando duplicaciones de funciones y programas. Ninguna de estas propuestas, como otras, es una bala de plata. Y nada de esto sirve si la economía no vuelve a crecer en 2019.

¿El dólar a 25 pesos se encuentra en estado de equilibrio? Los economistas sabemos que hay pocas variables más difíciles de estimar que el tipo de cambio de equilibrio. Además, el tipo de cambio es al menos dos cosas: un precio relativo asociado a la competitividad y una moneda fruto de la especulación financiera. Por eso, la moneda se deprecia cuando sube el déficit externo, pero también cuando Estados Unidos sube su tasa de interés. El tipo de cambio apreciado era como un elefante, difícil de describir pero reconocible a la vista. Hoy un dólar a 20 pesos sería como ese elefante, a 25 se ve menos conspicuo, más afín a un régimen de flotación sucia (también llamada flotación dirigida) como el que propone el Banco Central. Si en unos meses sigue a 25, volverán a sonar las alarmas. Cómo y cuánto dejar flotar la moneda en este contexto inflacionario es un desafío no menor. Es posible sufrir otra turbulencia cambiaria en el corto plazo

Esos cimbronazos no pueden descartarse, dada la necesidad de renovar deuda de corto plazo en manos de minoristas que hoy arbitran la expectativa de depreciación con una tasa transitoriamente alta (el llamado carry trade). ¿Es probable? No lo pensamos. Consideramos que el equipo económico aprendió a anticiparse al problema y está en condiciones de desarmar esa ola de pesos. Otra cosa es pensar que el dólar permanecerá en estos niveles; con una inflación alrededor del 25 %, atrasar el tipo de cambio sería recrear una de las causas de la crisis. El dólar debería subir, oscilando alrededor de una recta ascendente. Eso no es turbulencia; es flotación.

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