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Etimologías de salares – Por: Ricardo Alonso

Existe una confusión de términos cuando se hace referencia a los ambientes salinos, especialmente los del área andina. Vocablos como salar, salina, salitral y otros afines se mezclan y confunden en sus definiciones. Por ejemplo, el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua (DRAE), que es la autoridad y fuente indubitable de consulta, dice que salar es un argentinismo para salitral. Ninguna de las dos cosas es válida. Primero que no es un argentinismo, ya que el término se usa también en otros países y con igual o mayor antigüedad. Ejemplo son los salares de Atacama en Chile y de Uyuni en Bolivia por mencionar a los icónicos. La palabra sal es latina e ingresó en América con los españoles. De sal deriva salario, que era la paga que se les hacía a los romanos (salarium), sea en sal o para que compraran la sal.

Las extensas superficies salinas que se prolongaban en los Andes y en las llanuras secas desde Estados Unidos hasta la Patagonia, llevó a la creación del término salar. Con lo cual es un americanismo y si se ajusta aún más la definición es un suramericanismo. En Estados Unidos se conservan términos españoles como “salada” o “playa” para una superficie salina seca del interior continental. Aunque ellos utilizan preferentemente vocablos como “saline”, “salines”, “salt pan”, “salt flat”, “salt marsh”, “playa-lake”, entre otros. Ahora bien, salar no es un argentinismo, ni tampoco puede decirse que sea un salitral. El salitre es una palabra que deriva del latín y significa “sal nitrum” o sea un nitrato. Aun cuando en forma generalizada se use para definir eflorescencias salinas en algunos suelos, o exudaciones de paredes o rocas. Pero en concreto los salares andinos no tienen nitratos o los tienen en cantidades ínfimas cuando se comparan con otras sales allí presentes.

Donde sí existe una extraordinaria acumulación de salitre en sentido estricto, esto es nitrato de potasio (nitro) mezclado con nitrato de sodio (nitratina) y otras sales alcalinotérreas, es en el norte de Chile y en el sur del Perú, al lado de la costa pacífica. Allí en razón del clima híper árido y otras complejas condiciones geológicas se ha formado la mayor concentración de nitratos del planeta Tierra dando lugar a los que hemos designado como la Provincia Nitratífera Centroandina. La importancia del salitre para los conquistadores radicaba en que su uso mayor era para fabricar la pólvora negra. De allí que se lo proveyeran de cualquier eflorescencia salina, como ocurría en las misiones jesuíticas, recogiendo las costras blancas y haciendo hervir la lejía hasta precipitar dicha sal.

Salina es otro vocablo cuya raíz etimológica proviene de sal. Pero su significado hace referencia mayormente a un lugar en que se explota la sal, o sea el cloruro de sodio, cuyo nombre mineralógico es halita. De allí que puede haber salares donde se explote la sal y otros en que esto no se haga. Salinas Grandes en Salta y Jujuy o Laguna Salinas en Perú son dos ambientes en donde se explota la sal y el topónimo no hace referencia a salar. Otros tienen denominaciones ambiguas como Salar o Salina de Olaroz. Incluso hay salares donde se benefician otras sales, caso del salar de Turi Lari (Jujuy) o Diablillos (Salta) donde se explotan los boratos que son dominantes en ese ambiente evaporítico. Lo mismo vale para el salar de Río Grande (Salta) que es un gigantesco depósito de sulfato de sodio (mirabilita).

Para los españoles la palabra salina tenía el significado de lugar de explotación de la sal sin distinguir si era a orillas del mar o en el interior del continente. Salar es entonces un americanismo que se aplica especialmente en los Andes Centrales para designar a cuencas cerradas con drenaje interior y clima árido donde la evaporación hace cristalizar las sales que se encuentran disueltas en el agua. La mayoría de los salares están en el alto bloque del Altiplano-Puna, aunque también los hay en la Puna de Atacama (Chile) o en el ambiente de las Sierras Pampeanas, tal el caso del salar de Pipanaco (Catamarca). Los salares altoandinos, que están enmarcados fuertemente por edificios volcánicos en sus alrededores o cercanías, tienen una composición muy variada ya que además de la sal común se tiene también la presencia de yeso (sulfato de calcio hidratado), mirabilita (sulfato de sodio hidratado), ulexita (borato de calcio y sodio hidratado), bórax (borato de sodio hidratado), carbonato de sodio, etcétera. Los boratos son exclusivos de los Andes Centrales y no se encuentran en otras salinas o salares sudamericanos. Lo mismo ocurre con las concentraciones de litio.

De allí que se hayan definido a los Andes Centrales, como una región evaporítica mayor, portadora de tres provincias metalogénicas; la ya señalada Nitratífera, así como la Boratífera y la Litífera. La costra de sal era cortada por los indígenas en panes y transportada hasta los valles bajos como intercambio de bienes. Los españoles quedaron impresionados por la vastedad de las salinas andinas, que no sólo los proveyeron de sal comestible, sino también de abundante sal para los procesos de la metalurgia de la plata que utilizaron especialmente en Potosí. Al respecto de la sorpresa que causaban las grandes planicies de sal, Reginaldo de Lizárraga escribía en 1605 lo siguiente: “Llegué a Salta y en todo el camino no vi otra cosa digna de ser escrita sino es unas salinas en despoblado, las más famosas que creo hay en el mundo”.

Alonso de Ribera y Zambrana (1560-1617), quien fuera gobernador del Tucumán entre 1606 y 1611, envió una carta al rey en 1607 donde hace mención a las salinas de Casabindo. Dice textualmente: “En una quebrada a 12…leguas de Lerma, valle de Salta…ay muy grandes salinas en la superficie que se camina por ella…que… (es) donde sacan sal se vuelve a emparejar y ay muchas leguas que corren estas salinas hacia los Lipes y comúnmente se nombran las salinas de Casavindo”. Se refiere a las actuales Salinas Grandes de Salta y Jujuy.

José Ildefonso Álvarez de Arenales, en sus  “Noticias históricas y descriptivas sobre el gran país del Chaco y río Bermejo” (1833) realiza una descripción del comercio de la sal en panes. Comenta que: “Los naturales de Casabindo y Rinconada exportan la sal sobre burros y llamas, á Chichas, Mojo, Sococha, Jujui, Salta y el resto de la provincia: también llegan cargamentos á Tucumán. Es curioso verlos emplear muchos días en estas faenas, a donde llevan un pequeño avío de agua, maíz tostado, y cuando más algunas papas y charque molido: se entiende que nunca falta la coca, cuyo consumo es indispensable a todos los habitantes de las punas. Se sitúan en medio de aquellas enormes masas cristalizadas, y labran con hachas unos panes cuadrados de dos cuartas de lado y 2,5 pulgadas de profundidad, con el peso de 2,5 arrobas: las llamas cargan dos de estos panes; y cada uno vale en Salta 2,5 o 3 reales”.

El término quechua para sal es cachi, para salar es cachi pampa y para salina es cachi chakra (en aymara es hayu yapu o hayu sirca). Salitral o salitrera es collpani. Una cuestión anecdótica que no deja de ser interesante es la llamada alomancia, o sea una mancia o arte adivinatoria utilizando la sal gema. Los kallawayas, curanderos o médicos de campo arrojaban sal sobre el fuego para ver como crepitaba y así leer el futuro. O la esparcían con la misma intención sobre un cuero o tela gruesa. También ponían sal sobre la mano del enfermo para leer en ella si la enfermedad era o no mortal. Cabe finalmente destacar que la acumulación de sal en los Andes Centrales es realmente impresionante ya que alcanza a decenas de billones de toneladas.

 

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