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Las tarifas y la fenomenal distorsión de precios – Por: Valeriano Colque

La fenomenal distorsión de precios que se acumuló hasta 2015 trajo aparejado varios efectos: en un extremo, se resintió la inversión para la generación y la distribución, por la sencilla razón de que ninguna empresa tenía pensado aportar dinero en un sector con un marco regulatorio sujeto a manipulaciones continuas.

En el otro, los hogares se (mal) acostumbraron a pagar boletas irrisorias, en especial en la Capital Federal y en el conurbano bonaerense. Por lo tanto, se perdió la noción del costo real y, como el servicio era (ficticiamente) barato, casi nadie se preocupó por cuidar el consumo.

Ya en 2014, un informe del entonces Ministerio de Planificación nacional señalaba que la demanda residencial energética en la Argentina era 329 % por encima de la brasileña, 184 % más que la chilena y 174 % mayor que la uruguaya.

A más tiempo, más costos. No sólo en el volumen que se iba acumulando en subsidios (hay familias que los siguen necesitando y otras que no deberían haberlos tenido nunca), sino en el impacto que eso tenía en la inflación, ya que la plata la ponía el Estado (o sea, todos) y se cubría con emisión. Además, el daño es de principio a fin. Salir de ese cuadro distorsivo también recalienta la inflación (como está ocurriendo ahora) y, desde luego, implica estresar los bolsillos. Eso es lo que está golpeando hoy en los hogares.

Con salarios “viejos”, la incidencia del pago de servicios en los gastos de una familia creció un 8 % en el primer trimestre, pero hay estudios no oficiales que lo ubican entre 8 y 19 %. Como sea, el problema y sus consecuencias conviven entre nosotros desde hace muchos años. Y antes, como ahora, ponen a prueba la capacidad de gestión.

Los recientes aumentos en los servicios públicos vuelven a golpear a la clase media y recortarán, según cálculos privados, entre un 5 y un 19 % los ingresos de los hogares

Es ineludible que la recomposición de precios mantenga cautelosas a las familias a la hora de gastar, lo que impacta en la demanda de bienes y servicios más prescindibles.

El efecto de la adecuación de los precios de las tarifas llega a ser un golpe social importante cuando sumas todo: gas, luz, agua, peajes y nafta, que este año se liberaron.

El costo de quitar subsidios. El aumento más relevante se da en la energía como consecuencia de los incrementos de los valores mayoristas a nivel nacional, los cargos propios que agregan las provincias y municipios más la carga tributaria, que aumenta al compás que la suba pura de la energía.

En 2016, el precio de generación por megavatio estaba en 1.100 pesos, aunque los usuarios pagaban 76,75 pesos. En febrero de ese año, el ajuste fue del 733 % y el usuario empezó a pagar 640 pesos. No obstante, el Estado se hacía cargo del 70 %.

En 2017, generar un mega subió a 1.250 pesos y el usuario pasó a pagar 880 pesos, con lo que el subsidio se redujo al 49 %. Este año, generarlo cuesta 1.440 pesos y el usuario paga 1.080. Ese 30 % restante (que en la boleta tiene un impacto final del 18 %) todavía será cubierto por el Estado hasta 2019.

Sólo de referencia: el m3 de gas en la época del kirchnerismo costaba 86 centavos (sin impuestos) para la categoría R3-1, que consume de 1.001 a 1.250 m3 anuales. En 2016 pasó a 3,11 pesos, en 2017, a 3,84, y este invierno, a 6,64. Y todavía tiene un 18 % de subsidio. Claro que para tener el gas a 86 centavos hubo que destinar 24.000 millones de dólares entre 2002 y 2015 para importar de afuera lo que se dejó de producir internamente. A los productores locales les abonada casi 3 dólares el millón de BTU, en tanto que a Bolivia y Venezuela les pagaba entre 12 y 15 dólares el millón de BTU). El kirchnerismo dejó un déficit fiscal equivalente al 5 % del PBI, para financiarlo emitió el 5 % del PBI y creó subsidios también por el equivalente al 5 % del PBI.

El kirchnerismo, que dilapidó el autoabastecimiento en petróleo y gas logrado en la década de 1990, proponía retrotraer las tarifas al 1 de enero de 2017, con lo cual el déficit público se hubiera incrementado, la inflación se hubiese disparado otro escalón y el desaliento para nuevas inversiones sería notable. Una receta que ya se probó con malos resultados. Venezuela es el peor espejo de esa política. Grupos de la oposición peronista no pudieron bosquejar alternativas superadoras.

El humor y la marcha de la economía ¿Por qué predomina hoy el desánimo sobre la marcha de la economía, pese a los buenos datos de la actividad y los récords en las compras de autos y motos, y de viajes al exterior? El gobierno de Mauricio Macri sustenta su optimismo sobre esos indicadores, que muestran un elevado consumo por parte de un sector de la sociedad. La mayoría lo critica por la sensación en el bolsillo.

Una reciente encuesta de Gustavo Córdoba & Asociados mostró que 4 de cada 10 argentinos le siguen dando crédito a la gestión macrista. La explicación del malhumor social se refleja en cuáles son las principales preocupaciones de la sociedad: inflación (1 de cada 5 argentinos la puso al tope), educación, inseguridad y aumento de los servicios públicos, según la muestra.

Los hombres que trabajan con Macri creen que esa sensación es temporal y que el ánimo se revertirá en el segundo semestre. Los empresarios, en general, confían en ese diagnóstico. En algunos casos, el manejo de la política tarifaria podría encaminarse a la encrucijada que se produjo con el aumento de las tarifas de 2016.

Los ruidos de las cacerolas volvieron a las grandes ciudades, aunque con menor intensidad que durante el kirchnerismo. El cambio de humor sobrevino con los tres aumentos de los combustibles (casi 14 % desde la liberación en octubre de 2017), la suba en los alimentos y en el precio de los servicios, junto al incremento en impuestos provinciales y municipales.

En el primer trimestre, la inflación mayorista fue de 11,8 %, que refleja, además, parte del impacto de la devaluación, mientras que la inflación minorista ascendió al 6,7 %.

La energía eléctrica es el principal insumo de una sociedad organizada, desde la producción, el comercio y la vida en los hogares. Hasta para el consumo de agua se necesita electricidad a fin de transportarla, potabilizarla y distribuirla.

Macri se apresuró en poner en marcha el sendero de aumentos para que las tarifas no generen malhumor en 2019, cuando se juega la reelección. Pero el aumento de las tarifas es un golpe duro para los usuarios residenciales. Ya hubo demostraciones en el interior por el costo de la electricidad, a partir de una doble tenaza: el aumento de la energía mayorista por la caída de los subsidios del Estado y por los costos que agregan provincias, además de los “cargos” municipales. Un supercombo.

¿Cómo solucionar el problema energético? La receta oficial de una fuerte suba con el pago de hasta en seis cuotas es difícil que conforme a la sociedad si las temperaturas invernales son muy crudas, como se anticipa.

La iniciativa de los K–retrotraer los precios al 1° de enero de 2017–es poco realista con una inflación de 25 % ese año y una proyección de 20 % para 2018. El kirchnerismo nunca hizo una autocrítica de por qué la Argentina pasó del autoabastecimiento en la década de 1990 a la importación de enormes barcos de gas licuado para atender la demanda interna. A nivel nacional, Cristina Fernández pidió congelar las tarifas a valores de 2016. ¿Aumento aquí y allá no?

Si la energía es el principal insumo de una sociedad y clave para el crecimiento, las fuerzas políticas deben llegar a consensos mínimos. Si no lo logran, las idas y vueltas en la política energética pueden tener un alto costo. Basta el ejemplo de Venezuela, sumergida en un caos social y económico, pese a estar asentada sobre un mar de petróleo.

Tarifa social compartida. El gobierno de Mauricio Macri, luego de una tensa negociación con los representantes de las provincias, logró cofinanciar la tarifa social destinada a las familias más necesitadas de todo el país, que son usuarias del gas natural por red en al menos 20 provincias.  Consiguió imponer la iniciativa de que la tarifa social sea 50 y 50 Provincia-Nación. 

Los gobernadores, en principio, se oponían a esta decisión porque esto les representará un costo fiscal considerable, y sobre el cual aún no se dieron detalles. Pero la Nación ratificó su decisión de bajar la tarifa social a los niveles que tenía en noviembre último, antes del aumento que se registró durante ese mes.

En ese sentido, los gobernadores advirtieron que se venía un aumento en la conflictividad social a partir del encarecimiento del costo de vida, sobre todo en las familias de más bajos recursos. Además, el gobierno de Macri ha logrado avanzar a paso firme en su idea de que, en un principio, las provincias le bajen impuestos a la tarifa de gas; y en segunda instancia, pretende avanzar sobre los municipios.

En el caso del gas,  Salta percibe ingresos en concepto de Actividades Económicas (Ingresos Brutos) a través de Gasnor SA, que cobra a la distribuidora y transportista y por Convenio Multilateral, y en el interior se tributa tasa municipal. En lo referente a la electricidad, Salta le cobra a la empresa distribuidora el 5 % en concepto de Actividades Económicas, quien lo incorpora al precio que lo termina pagando el consumidor (Cargo fijo mensual y Energía activa). En el caso del agua, se paga un 2 % por Tasa de Fiscalización y Control, Fondo de Inversión Operativa? alrededor del 7 % a través de la empresa prestataria del servicio y en el Municipio se paga  Mantenimiento de Alumbrado Público y Tasa de Protección de Bienes y Personas?

Hoy existe una fuerte resistencia de los intendentes en este sentido, porque temen un desfinanciamiento de las arcas públicas que administran en sus jurisdicciones. Tengamos en cuenta que hay municipios que cargan hasta el 20% de impuestos sobre las tarifas de gas, y los pagan los usuarios.

Con ese escenario, serán ahora las provincias las que tengan el tema tarifario en sus manos. Entraron por “la ventana” a la cuestión de financiar a los más carenciados y, a partir de ahora, si no cumplen con lo pactado, serán tan responsables como Macri del encarecimiento del costo de vida.

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