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El indomable río Pilcomayo – Por: Ricardo Alonso

El Pilcomayo es conocido como el río indomable de la América del Sur. Su carga de sedimentos está entre las más altas del mundo. Sus fenómenos de atarquinamiento lo convierten en un río singular que cambia hacia extensos bañados, recuerdo de lagos pretéritos pleistocenos, antes de continuar su curso para desembocar en el río Paraguay. Decenas de aventureros y exploradores se animaron a su navegación en los siglos XVIII y XIX y cayeron víctimas de las flechas indígenas. Son más los que murieron que los que sobrevivieron a su fatal registro. Los cambios de cauce por rebasamiento de las aguas han ocurrido en muchas oportunidades, especialmente en 1911 y durante la década de 1930. En 2017 hubo nuevos cambios de cauces. El hecho de ser un límite natural a tres países hace que su comportamiento hidráulico deba ser permanentemente estudiado y monitoreado. Aquí se comenta su historia geológica y algunas de sus más célebres navegaciones.

El Pilcomayo es uno de los tres grandes colectores de la cuenca del Plata junto con el Bermejo y el Juramento. Los tres tienen sus nacientes en los contrafuertes montañosos que se elevan en el borde de la Puna y del Altiplano argentino-boliviano, dentro del edificio orogénico de los Andes Centrales. Si bien algunas de sus cabeceras irrumpen en la planicie altiplánica, mayormente se alimentan en los cordones montañosos de la Cordillera Oriental. Todos ellos han tenido que acomodar sus cauces profundizando sus lechos a medida que se elevaban, hacia oriente, los bloques de corteza del edificio andino. El río Pilcomayo es un río trinacional entre Bolivia, Argentina y Paraguay. El topónimo “Pilcomayo” deriva del quechua (pishqu = pájaro, mayu= río), es decir “Río de los Pájaros”, la denominación en guaraní es Araguay que significa: ará: loro, guaý”: río, es decir, “Río de los Loros”. Nace en la Cordillera de los Frailes (Cerro Michaga), al oeste de Potosí, la que tiene alturas superiores a los 5000 m. En líneas generales corre desde el noroeste al sureste. Reúne en su recorrido a numerosos tributarios, entre ellos el río San Juan de Oro y sus afluentes que nacen en el extremo noroccidental de la Puna Argentina. El río Grande de San Juan y el río Cotagaita forman el río Pilaya y son afluentes del brazo del Pilcomayo que baja desde Sucre y Potosí. Luego de atravesar el ambiente de Cordillera Oriental y de las Sierras Subandinas, alcanza el paraje boliviano conocido como Villamontes, famoso por la calidad de su pesca (dorado, surubí, sábalos). Desde Villamontes cruza la llanura chaqueña y desemboca en el río Paraguay, frente a la ciudad de Asunción.

Más de 20 etnias aborígenes viven a lo largo de su recorrido. Forma parte también del límite entre el Chaco boreal y el Chaco Central, dentro de la unidad del Gran Chaco sudamericano. Los desbordes del Pilcomayo dan lugar a bañados como el de La Estrella y los Esteros de Patiño, el tercer humedal más importante de Sudamérica. El río Pilcomayo tiene una longitud de 2426 km y drena una cuenca hidrográfica de 270.000 km cuadrados. Atraviesa regiones muy secas, secas, húmedas y muy húmedas, lo que otorga caudales diferentes a sus distintos tributarios. El caudal medio es de 175 metros cúbicos por segundo. El río Pilcomayo forma uno de los principales abanicos activos de América del Sur. Desde su salida en Villamontes (ápice) hasta su descarga frente a Asunción del Paraguay (distal), forma un mega-abanico de 700 km de longitud por 650 km de anchura máxima. Todo ese material proviene del desgaste de las montañas que atraviesa a las cuales va erosionando y con sus depósitos se forma la gran llanura del Chaco. Forma parte de una larga lucha entre las fuerzas endógenas que construyen el relieve y las fuerzas exógenas que lo destruyen. O sea el juego y equilibrio entre las dinámicas interna y externa del planeta.

El Pilcomayo es conocido por su naturaleza indomable. Junto con el Bermejo están considerados entre los ríos con mayor carga de sedimentos en el mundo, al punto que alcanza una tasa media de 125 millones de toneladas anuales. La historia geológica del Pilcomayo no sólo es compleja en la larga evolución de sus antiguas cabeceras sino también en su cauce medio donde se producen fenómenos particulares. Uno de ellos es la desconexión del nivel de base con el río Paraguay. Esto ocurre a la altura del meridiano de 60° W que produce una división hidrográfica fuerte. Los ríos que bajan desde el oeste mueren en la llanura o bien en los inmensos bañados que actúan como nivel de base y, superada esta zona, los ríos tienen otro control geológico. Por ejemplo se generan saltos en medio de la llanura originados en bancos de tosca. En realidad durante el Pleistoceno y en la época de las grandes glaciaciones, el Pilcomayo tenía menos de la mitad de su longitud actual ya que moría en un gigantesco lago que ocupaba gran parte del Chaco argentino, boliviano y paraguayo. Estos lagos desaparecieron, pero los actuales esteros y bañados son un pálido reflejo de aquella época pretérita.

Hay cambios de origen natural y otros de origen antrópico, o sea desvíos realizados por el hombre y que complicaron la red hidrográfica. Que el Pilcomayo cambie su cauce o produzca desbordes es parte de su naturaleza intrínseca como pasó en el verano de 2017. En 1911 tuvo lugar un gran desvío natural cerca del Puesto de la Invernada. Otros desvíos importantes ocurrieron en la década de 1930. Uno de los fenómenos curiosos del Pilcomayo es el llamado “atarquinamiento”, que es un proceso de relleno o elevación del lecho por deposición de sedimentos. En realidad es el relleno del cauce por amontonamiento (del árabe tarkim), en este caso de légamo; o sea de cieno o barro pegajoso. Los desvíos, desbordes y atarquinamientos fueron siempre un serio problema a los intentos de navegación.

Religiosos, científicos, exploradores, funcionarios coloniales, industriales, militares, aventureros, entre otros, probaron de navegarlo, tanto desde Paraguay hacia Bolivia, o viceversa. Uno de ellos fue el padre Patiño que remontó el río desde Asunción en 1721. El estero de Patiño lleva el nombre por este intrépido religioso. También en el siglo XVIII fue recorrido por el padre Castañares (1741), quien regresó en 1742 y murió en manos de los tobas y luego por Félix de Azara (1781). En el siglo XIX fue navegado por el coronel boliviano Magariños (1843), Van Nievel y Acha (1844), el padre Giannelli (1863), el sabio francés Crevaux, que desapareció en 1882, Thouar que salió a buscarlo sin éxito, Campos (1883) oficial boliviano fuertemente armado que fundó “Colonia Crevaux”, el comandante Fontana en 1884, el capitán Juan Page que murió durante la navegación en 1890, el Ing. Enrique Ibarreta que partió desde San Antonio en Bolivia y al llegar al estero de Patiño fue muerto por los indígenas en 1898, entre muchos otros. El ingeniero hidrógrafo Olaf Storm, quien exploró hasta los esteros en 1890, concluyó que el río Pilcomayo no era navegable para el comercio y que tampoco tenía una creciente regular y periódica. Una síntesis de las expediciones históricas al Pilcomayo fue publicada por el Dr. Gilberto Aceñolaza (Todo es Historia, N° 51, Bs. As., 1971).

En la primera mitad del siglo XX, en 1905, lo navegó el agrimensor noruego Gunardo Lange, padre de la poetisa Norah Lange (esposa de Oliverio Girondo). En 1906, Lange publicó en Buenos Aires su trabajo “Río Pilcomayo desde la desembocadura en el río Paraguay hasta el paralelo 22° Sur”, con una descripción muy completa de ese recorrido. Luego está el viaje realizado por el perito Domingo Krause de la comisión de límites entre Argentina y Paraguay en los años 1906 y 1907. Un estudioso de la cuestión del Pilcomayo fue el geólogo Augusto Tapia (1898-1966) quien recorrió la zona en 1934. Tapia había perdido ocho dedos de sus manos por congelamiento en la Antártida en 1920. Sin embargo ello no fue óbice para que realizara un trabajo magnífico sobre la geología de Formosa y del Pilcomayo que publicó en un voluminoso ensayo donde además se explayó hacia las llanuras argentinas y su historia geológica. Con solo dos dedos dibujó, escribió y dejó para la posteridad un trabajo ahora clásico sobre el tema (Pilcomayo. Contribución al conocimiento de las llanuras argentinas, Boletín N° 40, Dirección de Minas y Geología, Buenos Aires, 1936). Otro trabajo geológico valioso sobre el Pilcomayo y los esteros de Patiño fue realizado por Isaías Rafael Cordini y publicado en Buenos Aires en 1947.

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