Portada-impuestos-Guatemala-768x384

Es más equitativo que muchos paguen poco y no que pocos paguen mucho – Por: Valeriano Colque

Desde el nacimiento del Monotributo, el fisco se debatió entre facilitarle (y abaratarle) la vida a los contribuyentes para que se sumen más al cumplimiento, o limitarlo para evitar que se declare de menos para evitar pagar lo que corresponde.

Ya pasaron dos décadas y varias modificaciones y la disyuntiva sigue presente. La Afip sostiene que hay demasiados contribuyentes del régimen simplificado y pocos del general. Según los últimos datos del Ministerio de Trabajo, en enero había 1,56 millones de monotributistas puros y menos de 400 mil autónomos. El Organismo confirmó esta visión y aseguró que el Monotributo es un régimen “de transición” y el fisco va a “fortalecer la idea de movilidad tributaria hacia el régimen general”.

La Afip implementó diversas medidas para evitar el “enanismo fiscal”, pero, al ser un sector tan difícil de controlar, las acciones tienen que ser más de inducción. Los primeros fueron controles sistémicos derivados de los múltiples regímenes de información que existen: tarjetas de crédito, movimientos bancarios, alquileres, compraventa de bienes durables, entre otros.

Con estos datos, el fisco ya viene implementando la exclusión de oficio para pasar al régimen general a responsables del Monotributo excedidos en los límites. Desde enero, se sumó recategorización de oficio, que permite al organismo modificar el escalón si considera que el pequeño contribuyente está fuera de los parámetros de su categoría. La digitalización de las operaciones sumó más elementos al cruce de información: la factura electrónica permite un registro de las ventas de los monotributistas y este será un elemento central que usará la nueva gestión. Pero en el control del sector hay un tema crucial: la formalización de las operaciones. A esto apunta el foco en la utilización de la tarjeta de débito por parte de los monotributistas.

La cuestión tiene su complejidad porque el universo es demasiado amplio, está muy atomizado y cada contribuyente es demasiado chico. El esfuerzo de fiscalización es grande y, en comparación, chico el beneficio en recaudación.

Por esto, un eslabón clave es el del comprador o el usuario que paga por los bienes o servicios. Las campañas de la Afip ya no van a la obligación de pedir factura o ticket sino a la ventaja de utilizar la tarjeta de débito y denunciar a quien no la reciba. Habría que preguntarse si no sería conveniente reinstalar un beneficio por utilizar el débito bancario, como la reducción del IVA, que incentive al consumidor a usarlo.

Es claro que, desde el lado del vendedor, la utilización de tarjetas no sólo implica un costo de comisiones por el uso del posnet, sino un “blanqueo” de las operaciones. En algunos casos, se trata de acciones de supervivencia, ya que pasar del Monotributo al régimen general implica un importante incremento de costos y también una mayor complejidad administrativa. Hay que empezar a realizar declaraciones juradas mensuales de IVA e Ingresos Brutos (Actividades Económicas) y realizar presentaciones anuales de Ganancias. En las provincias, implica quedar sujeto a regímenes de retención con alto costo financiero.

Pero, aunque estas razones sean atendibles, la reducción de las operaciones “en negro” beneficia a toda la sociedad y el Estado debe velar por ello. Es más equitativo que todos paguen pocos impuestos antes que pocos tributen mucho. Aunque la disyuntiva sigue siendo si ese objetivo se logrará simplificando y reduciendo la carga tributaria para que quienes están fuera tributen al menos algo, o intensificando la fiscalización y las sanciones para que todos paguen más. La nueva Afip parece apuntar a este último mecanismo.

Cuánto “gana” el que evade. Un análisis realizado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) calculó la magnitud de los beneficios de evadir en la cadena de producción y comercialización de alimentos y bebidas.

La subdeclaración del 10 % de las ventas incrementa la utilidad en 40 %. Y si la evasión equivale al 20 % de la facturación, la utilidad aumenta 80 % en comparación con la rentabilidad que obtiene un comercio minorista que declara toda su actividad.

Así, se abre la posibilidad de vender a menor precio, lo que deriva en competencia desleal para los agentes económicos que operan en la formalidad, y consecuentemente su pérdida de participación en el mercado que compiten. La carga tributaria argentina creció de manera sostenida a lo largo de las últimas dos décadas, pero en los últimos dos años parecería observarse un quiebre de esta tendencia, con ligeros cambios en impuestos.

pie-Dr-Valeriano-colque

 

Comentarios

comments

Powered by Facebook Comments

avatar

About Daniel Salmoral