Sede PJ

La casa de papel del PJ, salvaje – Por: Carlos M. Reymundo Roberts

La intervención del Partido Justicialista dispuesta por la jueza María Romilda Servini de Cubría dice mucho sobre el caos que vive el partido, pero dice más sobre el estado anímico de la jueza. La Chuchi andaba tristona porque últimamente no le tocaba en suerte ninguna causa que la llevara a la tapa de los diarios. Contrató entonces a una agencia de marketing y relaciones públicas, que le recomendó tomar esa medida. Además, contrató los servicios de un humorista para que redactara el fallo.

Sus asesores de marketing le recomendaron también completar la jugada con la designación de un interventor que garantizara impacto. Barajó varios nombres, pero tropezó con la dificultad de que en el PJ, por una extraña coincidencia, no hay muchos dirigentes que no tengan alguna cuenta pendiente en la Justicia. Eso la llevó a descartar, por ejemplo, a Guillermo Moreno, procesado en varias causas; le gustaba su carácter de acero y, sobre todo valoraba la desfachatez que tiene para intimidar con armas sobre la mesa, guantes de boxeo y hasta con el portento de su masculinidad. Finalmente, pensó en Luis Barrionuevo. “Asegura impacto, pero algunos creerán que es una broma”, intentaron frenarla. Ella insistió. Dijo que la veta humorística iba en consonancia con el desopilante fallo, en el que no cita jurisprudencia, sino a Perón, y que ya nadie se acuerda de que el líder gastronómico mandó quemar urnas en Catamarca por haber perdido las elecciones a gobernador. “Luisito me remó para que yo fuera jueza, y además su mujer, Graciela Camaño, es una de las principales espadas de Massa en el Frente Renovador. Y con esta movida lo que queremos es que Sergio vuelva al partido”, argumentó. El disparate estaba consumado. También la broma. Cuando lo llamó para comunicarle la decisión, Barrionuevo no pudo parar de reírse.

 

¿Qué pasará ahora? Esto es como La casa de papel. Gioja y su gente, grises y burocráticos ocupantes de la sede, de pronto se ven invadidos por una banda de secuestradores comandados desde afuera por la profesora Chuchi. La causa es simpática y despierta adhesiones, pero no tiene justificación alguna. La casa arde: hay nervios, gritos, peleas, heridos y desahuciados. Y muchos millones en danza. Con el correr de las horas y los días, la tropa de ocupación va logrando avances, aunque también en sus filas cunden las dudas y el pánico: la Cámara Nacional Electoral podría dar marcha atrás y decir que la Chuchi se fue de mambo. Que está más Buruburubudía que nunca.

Yo ya sé cómo termina la segunda temporada de la gran serie española. No voy a adelantarles nada. En realidad, algo sí voy a decir. No se la pierdan. No se pierdan tampoco esta versión nuestra. La casa de papel del PJ muestra a los herederos de Perón en su faceta más salvaje; invadidos e invasores matándose y entrelazándose, un mundo de intereses, traiciones y tesoros, la épica de la destrucción, el fantasma del ocaso. Por Netflix, en Matheu 130.

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