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La sociedad argentina funciona a dos velocidades en materia económica – Por: Valeriano Colque

Sensaciones encontradas. La población vive sensaciones encontradas sobre la actual coyuntura, lo que vuelve incierto la perspectiva para las decisiones de los agentes económicos.

El presidente Mauricio Macri y sus ministros distinguieron la fuerte reducción de la pobreza registrada en el último semestre de 2017, el crecimiento de la actividad económica en los primeros meses de este año y la recuperación del empleo formal que, a su vez, redujo en 0,4 puntos porcentuales la desocupación en el último trimestre del año anterior.

A esos datos se sumó un fin de largo récord en materia de turistas y de gastos por persona, que se tradujo en la movilidad de 2,17 millones de pasajeros sólo en el territorio nacional.

El último registro positivo vinculado al consumo de bienes durables provino de la venta récord de automóviles cero kilómetros en el primer trimestre, que creció casi 18 % en relación con igual período de 2017.

A esta buena noticia se suma la recuperación industrial de Brasil, lo que abre las puertas a mayores colocaciones de las terminales argentinas en el mercado del vecino país.

Pero esta bonanza no alcanza a todos los actores económicos.

Más de 6 de cada 10 argentinos afirman que su situación económica empeoró con relación a un año atrás, según el Monitor de Humor Social y Político de la encuesta de D’Alessio Irol/Berensztein. El 30 % culpa de la inflación al Gobierno nacional. Este tema figura en el tope de las preocupaciones de los ciudadanos, junto con el aumento en las tarifas y la inseguridad.

La muestra de la mencionada consultora deja entrever que la sociedad argentina está funcionando a dos velocidades en materia económica. Existe una parte que se ha beneficiado con el desarrollo de los sectores agropecuario, financiero y de la construcción, en tanto que el despegue aún es leve o con caídas en la industria y en el comercio.

La capacidad de compra se mantiene para los sectores medio-altos y altos, pero disminuyó en la clase media tradicional y media-baja.

El Gobierno posee las herramientas para corregir estas distorsiones, que podrían alentar protestas y hechos violentos por parte de grupos minoritarios, los cuales generan el caos como método de protesta.

La promesa de un futuro mejor, que las encuestas revelan en las expectativas de la sociedad, no puede generar una inercia para enfrentar los claroscuros que presenta la coyuntura. Será una forma de preservar la convivencia y la democracia.

¿Son para preocuparse los créditos uva? Creemos que hay que ser cuidadosos. En países de alta inflación, los créditos indexados siempre hay que tomarlos con pinzas. Si la inflación se llega a acelerar, está claro que las familias pierden la capacidad de pagar las cuotas. Estuvo muy bien en el arranque, pero es crucial que la inflación se ubique en la zona del 12 % anual. Si en dos años somos capaces de llevarla al 1 % mensual, la economía funciona.

Es natural que quienes toman créditos hipotecarios UVA, cuyas cuotas se ajustan mensualmente por inflación, o un crédito inmobiliario GNI, cuyas cuotas se ajustan mensualmente por costo de construcción, se preocupen cuando escuchan a los comentaristas en los medios planteando que, en contextos inflacionarios, a medida que se pagan las cuotas, la deuda total, en lugar de bajar, sube. A pesar de que esto puede ocurrir, no debería preocupar a quienes están tomando cualquiera de estos créditos por pagar en cuotas durante varios años.

Esta paradoja surge de una distorsión vinculada a la inflación que, en economía, se conoce como “ilusión monetaria”. La explicación es la siguiente:

Con alta inflación, el valor de las cuotas restantes, en ambos esquemas de crédito, puede ir subiendo, incluso hasta ser mayor que la deuda original, pero esto ocurre sólo en términos nominales, es decir, en cantidad de pesos.

Como en contextos inflacionarios los salarios también tienden a subir, la deuda remanente, medida en cantidad de salarios, en lugar de subir, tiende a bajar, como espera cualquier deudor.

En síntesis, es totalmente factible que, con inflación, las deudas por créditos para vivienda aumenten al medirlas en cantidad de pesos, pero bajen al medirlas en cantidad de salarios.

Pagar las cuotas de un crédito inmobiliario, por consiguiente, no aumenta la deuda, sino, contrariamente a lo que creíamos, la disminuye.

Si no cede la inflación, es difícil que el consumo arranque. La consultora Kantar Worldpanel hizo un balance del consumo en 2017, que cerró con una caída de 1 % en volumen frente a 2016, año en que había caído otro 4 % anual. 

El 2017 arrancó con una baja de 3 % en el primer semestre. En septiembre empezó a recuperarse, pero en el último mes la racha se cortó, el consumo no creció y por segundo año consecutivo cerró en negativo. Todavía no están los datos de la actividad económica del año pasado, pero las previsiones oficiales y privadas indican que la economía habría crecido 3 % frente a 2016.

¿Por qué, entonces, es tan difícil que se recupere el consumo? ¿Qué está frenando el gasto en las familias? En parte, un fenómeno que contraría los dichos de la cúpula de la Confederación General del Trabajo (CGT), cuando acusó al Gobierno nacional de “hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres”.

Según Kantar Worldpanel, en el segmento de menores ingresos de la población, el sector bajo inferior, las compras crecieron 3 % en volumen. La base de la pirámide social cuenta con muchos beneficiados por el crecimiento de la construcción, que acumuló hasta noviembre un avance de 12,6 %, según el Indec. Además, es donde menos impactan los aumentos de tarifas, impuestos y servicios públicos. 

Mientras tanto, el consumo bajó 2 % en el nivel bajo superior de la población, 1 % en el medio bajo y 2 % en el alto y medio. Estos sectores sintieron más la quita de subsidios y el aumento en los servicios y combustibles, que se están llevando parte de los ingresos que antes estas familias dedicaban al consumo. Pero además hay dos datos que muestran que en los segmentos más altos de la pirámide social hubo un cambio de actitud.

En 2017 se patentaron 901.000 vehículos 0 kilómetro, 27 % más que en 2016, en parte gracias al poco aumento en los precios de los autos brasileños. Además, los créditos hipotecarios en pesos ajustados por UVA acumularon el año pasado un crecimiento de 106,7 %, en parte gracias a las menores exigencias, comparadas con los préstamos tradicionales. Desde su lanzamiento, se entregaron 56.300 millones de pesos en esta línea.

Claramente, ante una buena oportunidad, los segmentos de mayores ingresos sacrificaron consumo y apostaron a la inversión, aun en un año en el que hubo que defender el poder adquisitivo de los salarios. Kantar proyecta para el primer semestre de 2018 un crecimiento del consumo del 1 %. Pero, si no cede la inflación, es difícil pensar que se cumplirá.

Importaciones encubiertas. Los dólares que se van del país por los gastos en turismo ya son cosa seria. Y no porque sea una novedad. Cada vez que un argentino viaja al exterior, todo se computa en divisa extranjera. La cuestión es cuán desequilibrada queda la balanza de pagos y el desafío que plantea a la política cambiaria.

Tanto que, en el primer año de gestión, hubo ruidos en el gabinete económico nacional sobre qué hacer con esta fuga de capitales. Algunos, incluso, plantearon un tipo de cambio diferencial para el turismo, idea que no avanzó, a poco de que se levantó el cepo cambiario.

Lo cierto es que la salida de dólares por viajes, que hasta 2014 no había superado los 6.000 millones, ya está por encima de los 10.000 millones de dólares, según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Por eso, nuestro Primer plano bucea en las razones de este fenómeno, en el que no sólo influye lo económico. También hay nuevas pautas culturales en el consumo que atraviesa distintas capas sociales.

Si bien entre 2016 y 2017 impactó el atraso que tenía el tipo de cambio y el boom de los viajes para compras, como el caso de Chile, también existe un nuevo hábito: cada vez más gente viaja y, además, lo hace en distintas épocas del año.

En el arranque de 2018, el stock de deuda generada por consumos que los argentinos realizaron en el exterior con tarjeta de crédito creció 29 % interanual y alcanzó un nuevo pico.

A no pocos economistas y empresarios les preocupan los dólares que se van con el turismo mientras el país toma deuda en el exterior en forma acelerada para cubrir su déficit fiscal. Pero no menos cierto es que buena parte de esos gastos son importaciones textiles encubiertas, a tenor con el tipo de consumo.

Y eso ocurre no tanto porque los precios de algunos productos estén más baratos en el extranjero, sino por lo caros que están aquí, como consecuencia de la inflación y de la alta presión impositiva.

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