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El Potosí del norte argentino – Por: Ricardo Alonso

Existen al sur del Valle Calchaquí, o de Yocavil, en el Campo del Arenal, y sobre la ladera occidental del Aconquija, unas enormes ruinas de lo que fueron ingenios metalúrgicos para el tratamiento de metales preciosos. Los ingenios se instalaron allí para aprovechar las aguas del río Potrerillos y hacer funcionar los molinos de piedra con fuerza hidráulica. Estos ingenios fueron un misterio para los viajeros que pasaron y que no se explicaban ni el tamaño, ni la ubicación y menos aún la falta de vetas mineralizadas adyacentes.

Samuel Lafone Quevedo, Federico Schickendantz, en el siglo XIX; y Federico Kirbus en la década de 1970, mencionaron el tema. Julian Letrange, que visitó el lugar en la década de 1890 y levantó planos de los ingenios, publicó un breve informe en 1902 y dice: “Los ingenios o establecimientos de beneficiar metales, situados en el lugar denominado El Arenal, debieron tener, a juzgar por las importantes ruinas que quedan hoy, una gran importancia. Lo raro es que no queda tradición alguna al respecto a ellos”.

Por suerte podemos decir aquí que el misterio ha sido finalmente desvelado. Efectivamente, entre los papeles que pertenecieron al ingeniero de minas sueco Carlos F. Stubbe (1884-1946), se encontró tipografiado un voluminoso documento del Archivo General de Indias de Sevilla que da cuenta del asunto. Ya nos hemos detenido sobre Stubbe en un libro anterior (véase: Stubbe, Carlos F., 2016. El Cateador Minero. Editado por Natalia G. Solís; Ricardo N. Alonso; Emilia Silva de Cruz. Mundo Gráfico Editorial, 2016, 180 p. Salta).

Lo cierto es que, interesado en la historia minera del norte argentino, y a falta de fuentes documentales genuinas, Stubbe recurrió al Archivo General de Indias en Sevilla donde encontró un informe de inspecciones a un distrito minero llevadas a cabo a mediados del siglo XVIII. El documento de marras lleva por título: “Mineral de Nuestra Señora del Rosario de Anselpoca, comúnmente nombrado por su Cordillera Anconquija”. Actualmente correspondería al departamento Andalgalá, en la provincia de Catamarca.

El autor del informe es don Joaquín Espinosa y Dávalos, Teniente Coronel de Infantería de las Reales Ejércitos, Gobernador y Capitán General de las Provincias del Tucumán. En realidad atañe a varias visitas de inspección realizadas al lugar entre 1760 y 1765. Los funcionarios españoles visitaron el distrito minero y realizaron informes muy prolijos sobre el nombre, tamaño y calidad de las vetas, las maquinarias de los ingenios metalúrgicos, el personal que allí trabajaba, entre ellos indígenas y esclavos negros “congos”, la ley de los minerales que se beneficiaban, métodos de amalgamación según la clase de minerales presentes, entre muchísimos otros temas. El informe iba acompañado de un mapa que mostraba la ubicación de los ingenios y de cada una de las minas o vetas de donde se extraía el mineral. Lamentablemente ese importante mapa se encuentra desaparecido.

Sin embargo, la presencia en la región de yacimientos como Capillitas, Farallón Negro, Alto la Blenda, Bajo de la Alumbrera, Bajo El Durazno, Cerro Atajo, Agua Rica, Filo Colorado, entre muchos otros, en un radio de 15 a 40 km, otorga suficiente crédito al origen de las menas cupríferas y de metales preciosos. La magnitud de las ruinas de los ingenios y la extensa cobertura de lo que fueron las viviendas de la desaparecida Villa de San Carlos, perfectamente visibles en las imágenes satelitales, habla a las claras que en el lugar trabajaban miles de indígenas. Y que también debieron contar con un fenomenal sistema de transporte de animales de carga para traer el mineral hasta los ingenios.

Es interesante señalar que la mayoría de los funcionarios españoles, los técnicos especializados y los propietarios de las minas que figuran en el informe de Indias eran vecinos de la ciudad de Salta y de la Villa Imperial de Potosí. En la visita realizada al yacimiento minero el 16 de junio de 1760, participaron el gobernador Espinosa y Dávalos, junto al escribano de Minas y Registros don Francisco López y Zevallos. A ellos los acompañaba don Juan José de Inchausti, quien fuera beneficiador de la Villa Imperial de Potosí, además de dueño de minas e ingenios, y el Sargento Mayor don Juan Antonio Baquero en calidad de Veedor. Tomaron a su cargo ensayar los minerales de las vetas para dimensionar su calidad y contenido en metal fino.

Entre las vetas o minas que visitaron y ensayaron se encuentran: 1) Mina del Salvador; 2) San Gregorio; 3) Santa Gettrudes; 4) San Miguel; 5) Carmen; 6) Nuestra Señora de Begoña; 7) San Bernardo; 8) Santa Gertrudis de los mineros Juan Franco de Córdova y Alejo Fernández; 9) Candelaria o Cuervo; todas con buenas leyes que iban desde 5 hasta 30 marcos por cajón. Cuatro días más tarde, el gobernador y su escribano de Minas y Registros, recibieron a los azogueros con “Licencias de Ingenios” y allí vuelven a aparecer nombres valiosos para reconstruir la historia minera de la región.

Entre ellos se encuentran varios salteños. El gobernador menciona a Francisco Gabino Arias Rengel, Joseph Arias Rengel, Joseph Justo Saravia, Francisco Xavier de Olivares, Francisco Borja Arias Rengel, Santiago Puchetta, Juan Baptista Miner, Joseph Burela, Francisco Simón de Gandarillas, Ignacio Yzaguirre y Juan Joseph Ynchausti. El 27 de junio de 1760, se procede a la fundación de la “Rivera de San Pedro Apóstol de la Villa de San Carlos” por parte del gobernador Joaquín de Espinosa y Dávalos, y da fe de dicho acto en nombre del rey de España el escribano público de Minas y Registros, radicado en Salta, don Francisco López y Cevallos. Entre los vecinos que aparecen en el Acta de Fundación se encuentran algunos de los antes nombrados y otros nuevos.

La lista de los fundadores son: Bernabé Saravia, P. Lorenzo Casado y Albis (religioso Profeso de la Compañía de Jesús), Francisco Gabino Arias, Justo Saravia, Joseph Burela, Juan Joseph Ynchausti, Ignacio de Yzaguirre, Francisco Simón de Gandarillas, Manuel de Frías, Joseph de Ynza, Castillo Martín de Yturries, Matías Meléndez, Juan Crisóstomo del Campo y Palacios, Juan Gregorio de Yzaguirre y Marcos Morel. Entre las bondades del lugar de fundación se mencionan la abundancia de aguas corrientes y de vertientes, la flora y la fauna, tierras espaciosas y fértiles y, obviamente, la riqueza mineral de metales preciosos que se explotaban en la comarca.

El 10 de octubre de 1762 arriba al distrito “Mineral de Anconquija”, Don Juan Joseph de Argumosa, “Alcalde Veedor del Cerro Rico de la Imperial Villa de Potosí y Juez Visitador de minas y Registros de este Famoso Cerro y la Ribera de la nueva Villa de San Carlos”. Lo hace acompañado de Don Domingo Thenorio experto en ensayo de minerales. Además de las minas, visitan los ingenios “San Antonio de Padua”, propiedad de don Francisco Gabino de Arias Rengel y don Justo de Saravia; Ingenio “Nuestra Señora de la Soledad”, propiedad de Joseph Burela; y “Nuestra Señora de las Mercedes”, propiedad de Ignacio de Izaguirre.

El documento minero rescatado por Carlos F. Stubbe, tiene un enorme valor historiográfico por la descripciones realizadas en las distintas visitas de los funcionarios españoles y técnicos de Potosí; por los personajes presentes, en su mayoría vecinos ilustres de la ciudad de Salta; por la fundación de la hoy desaparecida “Villa de San Carlos” (9 manzanas de 150 por 150 varas), sepultada por arenales pero perfectamente visible en las imágenes de Google. Todos elementos de valor sobre la actividad minera a mediados del siglo XVIII, de la cual existen muy escasos antecedentes. Más aun tratándose del mayor complejo metalúrgico colonial del Noroeste Argentino.

El documento completo será motivo de análisis en un próximo libro sobre las memorias de Carlos Stubbe y la historia minera colonial que se encuentra en preparación.

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