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¿Por qué las marchas opositoras hablan de “contra el ajuste y los despidos”? – Por: Valeriano Colque

Cualquier ciudadano se siente desconcertado o desorientado. El Gobierno nacional ratifica su convencimiento en el plan económico, elogiado por el G-20, que concentra a las economías más poderosas del mundo, incluidas las “comunistas” (hoy neocapitalistas) China y Rusia.

La agenda era muy clara. Hubo un pecado original. Luego, un montón de cosas que se hicieron y que había que hacerlas.

Por contrapartida, hay espacios y economistas que vaticinan que Argentina se encamina a una crisis y que las recetas del Fondo Monetario envuelven una subordinación al capital externo. Hasta se organizan marchas “contra el ajuste y la ola de despidos”.

¿Vamos bien o mal?, se pregunta el ciudadano que, a través de distintos medios de comunicación, son apabullados por diagnósticos distintos o dispares.

Veamos qué dicen los números. La economía creció 2,9 % en 2017, y con perspectiva de crecimiento para este año en torno de 2,7 %, según la mayoría de los analistas. Se completarían así los dos mejores años desde 2011, tras el sinceramiento de los datos estadísticos del Indec. La economía lleva seis trimestres consecutivos de crecimiento sin estacionalidad, la mejor serie desde 2011. El índice Líder de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT) redujo a 22 % la probabilidad de una recesión en el próximo semestre.

La pobreza descendió a 25,7 %, es decir, si tomamos la primera medición de la actual gestión, 32,2 %, la pobreza descendió 6,5 %, entre 2016 y el segundo semestre de 2017, cerca de 2.700.000 personas.

La desocupación se redujo a 7,2 % a fines de 2017, con la creación de 433.000 puestos de trabajo a nivel nacional, según proyecciones de economistas privados con base en datos del Indec. Es la mayor generación de empleo de los últimos 14 años.

Es real que hubo cesantías y rescisión de contratos en el sector público (Fadea, Inti, Fabricaciones Militares), donde menos creció el empleo. En ese entorno, tienen su mayor peso los sectores kirchneristas y de izquierda, que aportan el grueso de las movilizaciones. La situación–junto con los indicadores de pobreza y calidad de vida–es más angustiante en el conurbano bonaerense que en el interior.

No a todos los sectores les fue igual: la canasta de consumo privado sólo creció 1 % en 2017. Para 2018, se espera un comportamiento similar. Las ventas minoristas retrocedieron 1 %, según Came.

También es necesario tener en cuenta a un cambio de hábito: se privilegia el auto, la moto o las vacaciones antes que ciertos gastos en el supermercado o en los comercios. La confianza del consumidor se mantuvo estable este mes y aumentó 7 % en relación con marzo de 2017, según la Universidad Torcuato Di Tella.

¿Hay herramientas para hacer algo más por el consumo? Pasa que hoy el Banco Central está en una trampa porque mientras la inflación se aceleró, resultaría poco creíble que baje la tasa de interés. La verdad es que hay que bajar la tasa porque una vez que uno está en un proceso de desinflación, el único argumento que hay, si las paritarias no le van a ganar a la inflación, es mejorar el crédito a las empresas y a las familias.

La industria, que incluye empleos de calidad (en blanco, con sueldos de convenio), alcanzó una leve recuperación, mientras que hubo un fuerte crecimiento de la construcción y de los servicios financieros.

El país también necesita consolidar la inversión. Las empresas invierten, no es una lluvia. Si vamos a esperar una lluvia de inversiones del exterior, no la vamos a tener. No hay país del mundo que suplante a la burguesía nacional como factor clave en el desarrollo económico. Después hay un conjunto de empresas internacionales que viene, y bienvenido que así sea, pero si la Argentina consiguiera que 200 empresas locales tengan crédito en el mercado internacional de capitales, allí tenemos la llave del desarrollo económico.

En 2016, se invirtió el 16,4 % del producto interno bruto (PIB), equivalente a 88.000 millones de dólares. En 2017, subió al 20,5 %, con 118.000 millones. Para igualar el stock de capital que teníamos en los ’90, necesitamos 30.000 millones de dólares adicionales por los próximos ocho años.  Pero si Argentina quiere lograr un desarrollo sostenible, necesita inversiones por 24 o 25 % del PIB hasta 2024. Son 60.000 millones más por año o 480.000 millones en todo el período.

Los anuncios de inversión entre junio de 2016 y diciembre 2017, suman 160.000 millones de dólares. Por lo tanto, la brecha para el desarrollo requiere de 320.000 millones de dólares más que los ya anunciados, es decir, triplicar el monto de los anuncios para los próximos ocho años.

El tipo de cambio nominal multilateral, que refleja la relación del peso con las monedas de los países con los cuales comercia Argentina, mejoró 64,1 % desde diciembre de 2015. Desde diciembre de 2016, los precios nacionales aumentaron 30,1 %, según el Indec. El Gobierno estimó una suba de 36 % y llegaron a casi 40 %. Como sea, el tipo de cambio multilateral aún está atrasado en relación con la inflación interna.

La balanza comercial registró en 2017 un déficit de 8.471 millones de dólares. En dos meses de 2018, acumula 1.872 millones. Hay sectores golpeados por las importaciones: textiles, zapatos, juguetes, electrónica y metalúrgicos. No a todos les va igual con el crecimiento de la economía.

El 40 % de los llamados dólares del turismo al exterior es compra de ropa afuera. Figuran como gastos de turismo, pero en el fondo son importaciones textiles.

El estado natural de la economía es la impaciencia, es como el estado natural de la guerra. Nadie es paciente en una guerra y nadie es paciente cuando no le alcanza la plata para llegar a fin de mes.

Los números de la industria. Las industrias fabricantes de autos, cemento y acero, y los frigoríficos son los sectores que arrancaron 2018 con más fuerza y prometen, por ahora, ser los más dinámicos durante este año. 

En el primer bimestre del año se destacaron la producción de acero crudo con un crecimiento del 27,6 % comparado con el mismo período de 2017, seguido de la automotrices (20 %), los despachos de cemento (17,4 %) la producción primaria de leche (13,2 %) y los la de frigoríficos (11,9 %).

En cambio, empezaron en terreno negativo la pesca (-13,2 %) y la molienda de soja (-8,6 %).

La industria automotriz crecerá 12,5 %, por el impulso de la demanda local y de Brasil

La construcción crecerá este año 9,1 %, mejorando la actividad de las productores de metálica básica (5,6 %) y minerales no metálicos (3,8 %).

La sequía, se estima reducirá el PIB agrícola en 3.436 millones de dolares pero no alcanzará para reducir la demanda de insumos para el agro. 

La metalmecánica, que en 2017 avanzó 8,5 %, dará este año otro salto de 3,2 % gracias a la mayor demanda de la construcción; de la fabricación de maquinaria agrícola; de insumos para cocinas; lavarropas, heladeras y freezers y de insumos para las energías renovables (asociadas a proyectos eólicos) y para la actividad petrolera.

Los minerales no metálicos, que el año pasado crecieron el 6,2 %, seguirá este año en terreno positivo, con una mejora de 3,8 %, por la mayor demanda de cemento, vidrio, ladrillos, placas de yeso y cerámicos para la construcción.

De igual manera, la construcción y la cadena automotriz permitirán a la industria del caucho y plástico crecer este año 1,9 %.

En cambio, se espera que tabaco y papel y cartón sufran una caída de 7 % y 2 %, respectivamente.

Tipo de cambio e inflación. Con el dólar pasaron dos cosas: primero, estaba muy atrasado. En noviembre estaba en 17,25 (pesos) y no permitía trabajar a ninguna provincia en las exportaciones. Casi no se ganaba plata en la zona núcleo agrícola y mucho menos en miel, maní, la fruta de carozo, azúcar, vino, aceitunas o ajo.

Segundo, fue una medida sana dar ese golpe de timón para ir a un dólar de 20,20 (pesos) mayorista, como está ahora. La verdad, sería mejor un dólar un poco más alto todavía, un peso más, tal vez. Obviamente, eso siempre lleva riesgos porque hay costos asociados y puede acelerar la tasa de inflación. Pero un dólar más alto y una tasa de interés más baja es el único argumento que va a tener el Gobierno, para tener una economía con un consumo más dinámico.

Las preocupaciones siguen siendo el déficit fiscal, que conlleva un mayor endeudamiento y la vulnerabilidad externa del Gobierno. Es el único punto de la agenda que no es negociable. Un país no puede estar con este déficit fiscal financiándose ocho años en los mercados, puede estar tres o cuatro años. Es la consecuencia de la necesidad de financiamiento de un déficit fiscal muy alto y una vez que el mercado internacional se puso más exigente, Argentina empezó a financiarse hace más de un mes en el mercado doméstico. Por lo tanto, es clave seguir recortando el déficit.

La sequía reducirá los ingresos de los productores: entre 1.000 y 3.500 millones de dólares. La menor cosecha implicará menores ingresos fiscales, lo que aumentará la velocidad de endeudamiento.

Es un año difícil en lo externo y en lo interno. El modelo inversor y gradualista es mejor que el anterior. Pero a la sociedad no se lo explica con claridad.

Era previsible una inflación alta en el arranque de año, pero igual no deja de sorprender. Con la corrección de tarifas no hay mucho para inventar. Además, en la inflación núcleo también se coló el aumento en el precio del dólar. Se dieron las dos cosas juntas. Es una inflación alta, pero tan alta como coyuntural. En la medida que se vaya terminando la recomposición tarifaria, está claro que la Argentina va a entrar en un sendero de menor inflación y con mayor capacidad para recomponer el ingreso de la población. En junio, se podría esperar que vamos de vuelta a una inflación en la zona de 1,5 % mensual.

Algunos analistas estiman una inflación para 2018 entre 20 y 21 %. El Gobierno estaría muy conforme con 19 %; todos sabemos que es casi imposible alcanzar la meta de 15 %, pero lo importante es que esté cuatro o cinco puntos por debajo de la de 2017. Plantearse descensos muy acelerados mientras hay recomposición de tarifas, un enorme déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos y dólar flotando, la verdad, es una ingenuidad.

El presidente Macri dijo que lo peor ya pasó. Es una aspiración, y está bien. Pero no estamos tan seguro de eso, los próximos meses tampoco van a ser un dechado de virtudes.

 

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