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Ciccone: cuatro meses después del “arrepentimiento” de Vandenbroele, el caso está congelado

Roma no paga traidores. ¿Está seguro de lo que va a hacer?”, lo recibió el fiscal federal Jorge di Lello a Alejandro Vandenbroele , mientras le abría las puertas de su despacho. Y, ya decidido -o acaso jugado-, el presunto testaferro de Amado Boudou le respondió que sí. Se convirtió así, el 13 de noviembre pasado, en el primer arrepentido del ” caso Ciccone “.

Vandenbroele se presentó en los tribunales federales de Comodoro Py el lunes 13. Boudou llevaba diez días detenido, al igual que Núñez Carmona, y Vandenbroele temía ser el próximo.

Vandenbroele relató cómo fue la maniobra que llevó al desembarco de The Old Fund en la imprenta Ciccone Calcográfica, cuál fue su rol y los de Boudou, Núñez Carmona y el entonces titular de la AFIP, Ricardo Echegaray.

Tras remarcar que Vandenbroele declaró que “recibía una remuneración económica para no presentarse a declarar en los términos que lo hiciera en el acuerdo” -es decir, como arrepentido-, Di Lello argumentó que Brito y Sguera podían “obstaculizar la presente investigación”. Por eso, le comunicó al juez que debía “adoptar las medidas que estime pertinente”, en línea con las decisiones que tomó con Boudou y Núñez Carmona. En otras palabras, detenerlos.

En los días que siguieron -y mientras caían la acciones del Banco Macro-, Brito pidió licencia como presidente de la entidad y acudió a Tribunales. Presentó un escrito en el que negó ser el financista detrás de The Old Fund para adquirir la ex Ciccone.

Desde entonces, el expediente apenas se movió, a la espera de la decisión de la Cámara Federal. Si lo confirman como juez instructor, Lijo deberá resolver si procesa, sobresee o dicta la falta de mérito de Brito -quien afronta una prohibición de salir del país-, Echegaray e Insfrán.

Durante las últimas semanas, además, el juez le respondió a un planteo de las defensas de otro ex ejecutivo del Macro acusado en el expediente, Máximo Lanusse, quien reclamó que Vandenbroele no podía “declarar en cuotas”, como si jugara al póker, sino que debía hacerlo de una sola vez.

Di Lello compartió, en parte, ese criterio. Sostuvo que la colaboración del arrepentido no es “un acuerdo abierto”. Si bien puede declarar cuando quiera en indagatoria como todo acusado, su relato como arrepentido debe circunscribirse al acuerdo. Eso permite otorgarle los beneficios previstos por la ley, pero solo si al cabo de un año se corroboran sus dichos.

Pero en esta causa, se demora ese proceso de verificación. Lleva ya cuatro meses sin definiciones. Acaso por eso, la semana pasada, Di Lello redobló la apuesta. Reiteró su pedido para indagar a dos de las hijas de Nicolás Ciccone -Silvia y Olga, conocida como “Bettina”- y recabar toda la información sobre The Old Fund que almacene el Macro. Quiere así iniciar el peritaje contable que desentrañe cómo fue la “ruta del dinero”.

Lijo se sabe bajo la lupa. Tanto de la Casa Rosada, como del Consejo de la Magistratura -que lo investiga a través de su hermano, el operador judicial Alfredo Lijo- y sus propios pares, que saben de su relación personal con Brito, uno de los invitados a la fiesta por su segundo casamiento.

Quienes lo defienden a Lijo, sin embargo, no apuntan a su relación personal con Brito por la quietud del expediente. “El temor a una caída del Macro movilizó a todo el mundillo político”, indicó un interlocutor judicial, con conocimiento pleno de lo que ocurre en ese expediente, a LA NACION. “Y cuando digo ‘todo el mundillo’, es ‘todo'”.

Fuente: La Nación

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