2423286h688

¡Gracias Lilita, Juliana, Cris, Hebe y Mariú! – Por: Carlos M. Reymundo Roberts

Imbuido todavía del espíritu del 8-M, quiero dedicarles esta columna a ellas, a las dirigentes políticas que engrandecen el país. Por eso, dejaré de lado el espíritu crítico que a veces me aflora. Hoy solo quiero mimarlas, cuidarlas, mirar el vaso medio lleno. Por aquí desfilarán Lilita Carrió, María Eugenia Vidal, Hebe de Bonafini, Juliana Awada y, por supuesto, Cristina Kirchner. Todas son promujeres, neologismo que no tiene nada que ver con Pro, sino con la igualdad de género: si hay prohombres, también hay promujeres. Es una discriminación flagrante que no exista esa palabra. En realidad, no existía, porque acabo de crearla y la ofrezco generosamente, sin cobrar derecho de autor, a los 560 millones de hispanoparlantes que hay en el mundo.

Hebe de Bonafini. Muy cada tanto, la queridísima Hebe hace algún intento de esconder lo que es: una señora entrañable, acogedora, divina. En esas ocasiones le da por mostrarse no tan amorosa, no tan “osito de peluche”, y entonces aplaude el atentado a las Torres Gemelas (2800 muertos y 6000 heridos), pide incendiar el Palacio de Justicia y ahorcar a los jueces de la Corte, dice que Macri es “la peor lacra, el peor hijo de puta” y llama a dar un golpe. Pero insisto: son cosas aisladas y no logran opacar su extraordinaria contribución al diálogo y a la paz social. Sin Hebe este país sería más violento, menos vivible. ¿Se quedó con unos cuantos millones del programa de viviendas Sueños Compartidos? Todo es poco para retribuirle sus servicios a la patria.

Lilita Carrió. El momento cumbre de mi vieja amistad con Lilita fue cuando la visité, hace algo más de un año, en su casa de Exaltación de la Cruz, una suerte de sacristía: profusión de cruces, vírgenes y santos, al pie de los cuales me habló durante dos horas sobre Macri, Juliana, Angelici, Rodríguez Larreta, Cristina, María Eugenia, economía, filosofía, religión y, por supuesto, corrupción. Estuvo buenísimo, aunque no estoy seguro de haberle entendido. Me da gusto escucharla, porque además es muy parecida a la que vemos en televisión: salta de un tema a otro, mira para el costado, pontifica, demoniza. La genialidad de Lilita no está, creo, en lo que dice, sino en que lo dice ella. Básicamente resulta creíble. Y su aporte en estos días es que revolea tarjetas amarillas y rojas dentro del Gobierno, fiscaliza, patalea cuando algo no le gusta. Es la voz de la conciencia, a veces desafinada e inescrutable, es cierto. Te quiero, Lilita, pero la próxima vez que te visite y ponga la oreja, ofreceme un café.

 

Cristina Kirchner. Es público y notorio que mi relación con ella ha pasado momentos tormentosos, y es muy probable que se repitan. Igual, como dije, hoy solo quiero destacar sus virtudes, sus muchos atributos: habla bien, es muy buena oradora, tiene labia, chamuyera, gran relatora, parlanchina, discursiva, explicadora, platicadora, enunciativa; para que se entienda lo que quiero decir: una destacada predicadora. ¿Nada más? Bueno, sí. Es muy coqueta. Pilchera vieja. Gran vestuario. Y el maquillaje, a full. “Desde chica me pinto como una puerta”, le dijo a su biógrafa y empleada Sandra Russo. Además es desinhibida. Zarpada. Desbocada. No tiene una sola amiga, pero por falta de tiempo. Basta, paro de elogiarla. Las otras se deben estar poniendo celosas.

Fuente: La Nación

Comentarios

comments

Powered by Facebook Comments

avatar

About Daniel Salmoral