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Inflación, cultura de la que todos participamos – Por: Valeriano Colque

Atrasos tarifarios, subsidios, asignaciones, planes, jubilaciones sin aportes contribuyeron a incrementar el gasto en un período en que la soja y el resto de las commodities ya no tenían los valores anteriores a 2008. Y este es el cuadro de situación heredado por el Gobierno actual. Ante cada recorte del gasto, recibe un reclamo. Pero además apuesta a bajar los impuestos con el anhelo de agregar a la expansión económica y de ese modo no disminuir la recaudación y a la vez generar empleo.

El ritmo del gobierno anterior conducia al país a una situación similar a la de Venezuela, próxima a la disolución social. El combate a la inflación siempre es deleznable: supone limitaciones y ajustes con el propósito de un futuro de estabilidad en el que se recuperen de un modo real los ingresos que hoy se resignan.

Dos años de política monetaria de clara ortodoxia nos han dejado en el mismo punto en el que estábamos. Mientras, Hacienda y el Banco Central se abocan al deporte más argentino de todos, la adjudicación de responsabilidades.

Mientras los créditos tomados en el exterior aportan dólares que el Banco Central debe esterilizar ofreciendo Lebacs de alto rendimiento, cualquier proyecto productivo deberá relegarse a la espera de mejores tiempos, dado que el negocio financiero es más rápido y rentable: el retorno de la no menos argentina bicicleta es uno de los aspectos salientes de este proceso en el que de nuevo dólar y tasas de interés van en curso de colisión.

Hay una sensación de déjà vu en todo esto, como si siempre estuviéramos retrocediendo al escenario de nuestros antiguos males, mientras se agranda un déficit que vuelve a mostrar al deficiente Estado argentino como el autor de los males que debe atacar: ineficiente, superpoblado, despilfarrador de recursos sin orden ni función, las señales que habitualmente brinda a la sociedad son idénticas a las que daría un enfermo que niega sus males.

En ese escenario, todos y cada uno, curados en salud, hacemos lo de siempre: remarcar precios, dolarizarnos, facturar en negro en un festival de la anormalidad, olvidando que esa parte de la población que sigue trabajando y pagando enormes impuestos, tasas y servicios ya no puede con su alma. Y, lo peor de todo, que al igual que la gente los países también fracasan. Es esta y ninguna otra la gran batalla económica. Y lo más probable es que dure aún varios años.

La inflación responde a una dinámica: el círculo suba de salarios-suba de precios. La fuerte suba de los precios mayoristas registrada durante enero contribuye a alimentar la dinámica inflacionaria, aunque no se trasladará de manera directa ni inmediata sobre los precios minoristas de febrero. Según el organismo, el índice de precios mayoristas (Ipim) se disparó 4,6 % en enero respecto de diciembre.

La suba registrada por el Ipim en enero es “muy fuerte” y se explica, básicamente, por los últimos incrementos del dólar. Y se valora con matices el posible traslado de eso a la inflación minorista.

No hay que esperar un impacto directo sobre los precios al consumidor de febrero porque estos tienen un componente de comercio y servicios que actúa como amortiguador. Sin embargo, el comportamiento de los rubros es diferente según cuán permeable sea su demanda a las subas y qué tan dispuestos estén a absorber costos. En combustibles, por caso, la demanda inelástica hace que el traslado del precio mayorista al minorista sea directo y rápido. Precisamente el rubro “petróleo crudo y gas” fue el que protagonizó la mayor suba en el Ipim de enero: 15,1 % intermensual. Otros sectores con contagio más inmediato son aquellos con fuerte incidencia de exportaciones. “La miel es un ejemplo. Se vende al exterior el 90 %, entonces el 10 % que queda aquí acompaña inmediatamente el incremento del dólar.

No hay que leer el Ipim como “previa” a la inflación minorista de febrero, porque en esta segunda canasta de precios el dólar no talla con igual incidencia. Aunque hay rubros como “alimentos y bebidas” (creció 1,2 %) donde sí hay traspaso. Lo que pasa con la inflación responde a una dinámica que lleva siete años: el círculo suba de salarios-suba de precios a un ritmo del 20 o 25 % anual. Ojalá que eso cambie este año.

La inflación no va a ceder nunca así, no hay plan para bajarla. A la inflación núcleo, del 22 % interanual, se le agrega la inflación de precios regulados, que fue del 39 % ciento en enero.

La inflación y los créditos UVA. Las opciones crediticias actuales colocaron en el mercado una oferta nueva para los argentinos. Pero la pregunta es la misma: ¿la inflación es motivo para preocuparse al tomar un crédito?

La perseverancia de la inflación en niveles altos, como viene sucediendo en los últimos años en nuestro país, siempre produce una sustancial inquietud entre los futuros propietarios, a quienes se les complica valorar si la inflación será un escollo para poder cumplir durante el tiempo en que el crédito estará vigente.

Quienes ahora pueden optar entre los nuevos Créditos Hipotecarios UVA (cuyas cuotas se ajustan mensualmente por inflación) y Crédito Inmobiliario GNI (cuyas cuotas se ajustan mensualmente por costo de construcción) pueden desnudar en este análisis cómo los afecta la inflación.

La base de referencia para quien toma un crédito hoy es que la inflación por sí misma no debería ser necesariamente un problema para cualquiera de estos dos créditos.
El problema para cualquiera de los tipos de crédito existentes es si los salarios quedan retrasados con respecto a la evolución de los precios al consumidor, en el caso de Créditos UVA; o con respecto a la evolución de los costos de construcción, en el caso del Crédito Inmobiliario GNI.

Para ello, hemos logrado simular la evolución de la relación cuota/salario referenciando históricamente los últimos 14 años, donde los salarios han acompañado la inflación, pero a veces se han quedado cortos, y otras les han ganado a los precios. Este ejercicio con valores reales da una diferencia, entre máximo y mínimo, de nueve puntos porcentuales en cualquiera

de ambos tipos de créditos.

Sin necesitar adivinar lo que ocurrirá en el futuro con la inflación y con los salarios, el prever un 10 % del ingreso familiar para las eventuales subas transitorias de las cuotas con relación a los salarios alcanzaría para quedarse tranquilos. De ese tamaño también debería ser la preocupación al tomar un crédito, por lo tanto podemos concluir que, tomando dicha precaución, la inflación no sería un problema.

         pie-Dr-Valeriano-colque

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