el_papel

El papel y los minerales ocultos – Por: Ricardo Alonso

El papel es hoy uno de los insumos esenciales de la civilización moderna. Diarios, revistas, libros, cartas, cuadernos, libretas, materiales de oficinas, servilletas, tienen en el papel su soporte principal, aun cuando los medios digitales lo han desplazado en muchas de sus anteriores aplicaciones. Piénsese simplemente en los diarios, revistas y libros electrónicos. Sin embargo, y a pesar de todo, el papel, aunque disminuirá radicalmente en muchos de sus usos, seguirá siendo fundamental en otros. Papel proviene de papiro que era la palabra que se usaba en el antiguo Egipto para designar al material elaborado con una planta tipo junco que crece de manera abundante en las orillas del Nilo.

Ese papel de papiro, valga la redundancia, se usaba para representar los signos ideográficos que constituían la escritura de jeroglíficos de aquel imperio de los faraones. El boicot en la exportación del papiro por parte de los egipcios llevó a que los griegos y romanos utilizaran los pergaminos, que eran pieles de cabras u ovejas, curtidas y preparadas para escribir sobre ellas. Oficialmente el papel se considera un invento de los chinos, unos 2200 años atrás. Para aquella época se logró fabricar papel utilizando corteza de las moreras. Alrededor del año 1000 de nuestra era el papel ingresó en Europa. Desde entonces evolucionó para su uso en toda clase de manuscritos, hasta la invención de la imprenta por el alemán Gutenberg, que disparó su uso en libros. Finalmente llegó a América con Colón. Sin embargo, para sorpresa, los mayas y aztecas utilizaban también para sus códices “papeles” hechos con fibras vegetales, pieles de animales o lienzos de algodón.

En Argentina, hacia 1870 Sarmiento se quejaba que no tuviéramos producción propia de papel y de que todo el utilizado era importado desde Europa. Le encargó al químico Max Siewert, contratado por la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba, que estudiara los tipos de materiales que se podrían aprovechar de manera económica para fabricar papel. Siewert probó con trapos en desuso, lino, cáñamo y distintas cáscaras de residuos de vegetales, sin llegar a una solución efectiva. Hoy en día se utiliza pasta de celulosa proveniente de fibras vegetales de forestaciones con pinos, abetos, eucaliptos, hayas y abedules; así como también de la caña de azúcar.

Ahora bien, el papel no sólo es celulosa, ya que se le agregan otras sustancias que actúan como pigmentos, ligantes o cargas, que pueden ser de origen biológico o mineral. Las cargas o “fillers” son distintas sustancias de origen mineral. Precisamente cuando quemamos un papel se obtienen cenizas y esas cenizas son minerales y, cuantas más cenizas produzca, mayor será el contenido en minerales de ese papel. El papel pesa más por las materias que incorpora y puede contener entre 30 y 50 por ciento de cargas minerales. Ahora bien las cargas minerales se utilizan para lograr las características físicas que le permitan tener un buen peso, una superficie plana, lisa y tersa; resistencia al doblado, rotura o desgarro; opacidad, porosidad, impermeabilidad, blancura, entre otras particularidades según sean los múltiples usos a los que puede estar destinado. No es lo mismo el papel de diario, que el papel tisú para pañuelos, el papel de liar cigarrillos, el papel de estraza, el papel higiénico, el papel de regalería para envoltorios finos, el papel de arroz o “biblia”, el papel fotográfico, el papel reciclado y ecológico, el papel de resma para impresiones comunes o láser, entre otros cientos de tipos diferentes.

Si se observa al microscopio electrónico el filo de una hoja de papel de buena calidad, tal como el papel satinado de revistas, libros o impresiones fotográficas, se notará que está compuesto, al menos, por tres capas. La capa central está formada por fibras de celulosa y ésta está recubierta en ambos lados por una capa de carbonato de calcio, la que a su vez está recubierta arriba y abajo por una capa de caolín. Un símil a un sándwich microscópico de celulosa, cal y caolinita. Las capas minerales son las que proporcionan al papel resistencia, contrarrestan la descomposición ácida y aportan una superficie tersa, lisa y brillante que permitirá las impresiones de buena calidad. Son numerosos los minerales que se usan molidos en polvos impalpables para darle cuerpo al papel. Además incrementan su resistencia mecánica, ayudan a aumentar o disminuir su brillo, crean una microporosidad adecuada para su transpirabilidad, facilitan su adhesión a la celulosa, mejoran el relleno interno, aumentan la alcalinidad para neutralizar su acidez, otorgan superficies firmes, entre otras características.

Entre los numerosos minerales de carga, o útiles en los procesos de fabricación del papel, se tienen: caolín, carbonato de calcio, baritina, mica, talco, sílice, yeso, nitro, óxido de titanio, sal gema, alumbre, etcétera. Las cargas deben ser de muy buena calidad y evitar la presencia de cromóforos, especialmente el hierro, que pueden teñir el papel. La blancura del papel va a depender de la calidad técnica de esos materiales. El caolín o caolinita es una arcilla compuesta por silicato de aluminio, famosa porque con ella se fabrica la porcelana china. Además del papel brillante, el caolín se utiliza en cargas en chocolate, antidiarreicos, caucho y pinturas. Brasil es un gran productor de este mineral que se origina en la descomposición de los feldespatos. El carbonato de calcio proviene de rocas calizas de gran pureza como las que se explotan en la provincia de San Juan. La baritina es el sulfato de bario, un mineral de alto peso específico, que se utiliza como carga en los papeles satinados. También se usa en los lodos de perforación de la industria petrolera. Reservas importantes ocurren en Salta, Jujuy y Neuquén. La mica, especialmente la mica blanca o potásica (muscovita), también es un mineral de carga que otorga propiedades especiales al papel. Es más, se hace un papel de mica como aislante eléctrico, y también es útil en los papeles de pared o revestimiento. Los mejores yacimientos de mica se encuentran en el ambiente geológico de las Sierras Pampeanas, especialmente en Córdoba y San Luis.

El talco, químicamente un silicato de magnesio, es el mineral más blando conocido y es popular por su uso en polvos cosméticos para bebés. Sin embargo la industria del papel es la principal consumidora de talco, ya que tiene usos varios en el acabado de las superficies de impresión, para eliminar los restos de resina en las pulpas y también para remover gomas y adhesivos de látex en el papel reciclado. El talco para uso en la manufactura del papel debe ser suave, con alta blancura y brillantez, químicamente inerte, alta reluctancia, además de su naturaleza hidrofóbica y organofílica. En la industria del papel la sílice coloidal se utiliza para mejorar las propiedades de fricción e impresión del papel. El yeso es sulfato de calcio hidratado y se usa también como material de carga. Existen grandes depósitos de yeso en Argentina, especialmente en la Puna salteña, pero por su lejanía muchas veces no paga el flete a los lugares de consumo.

El óxido de titanio proviene de los minerales rutilo o brookita y en la actualidad ha sustituido a cualquier otro pigmento blanco en el mercado. Los pigmentos de dióxido de titanio se utilizan para el papel muy blanco. También se aplica como recubrimiento para hacer papel “artístico”; y molido muy fino, en papeles de calidad impresión. La sal tiene un rol importante para blanquear o decolorar la pulpa de la madera de la que se extrae la celulosa. Los salares de la Puna son una fuente inagotable de este mineral. Lo paradójico es que la humanidad comenzó a escribir sobre tabletas de arcilla y hoy las arcillas siguen siendo fundamentales en la escritura moderna a través de su extendido uso en el papel.

 

pie-Dr-Ricardo-Alonso (1)

Comentarios

comments

Powered by Facebook Comments

avatar

About Daniel Salmoral