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Nuestro problema es político y no económico – Por: Valeriano Colque

De manera simple, trataremos de desarrollar conceptos que pueden resultar primordial para explicar lo que acontece en la economía argentina.

Desde hace muchas décadas, tratamos de redistribuir los recursos económicos con fórmulas poco eficientes y que no abordan al meollo de la cuestión.

El padecimiento del método se manifiesta en la célebre presión inflacionaria, y esta afecta esencialmente a los que menos recursos tienen para resguardarse, que en general son los asalariados. Se utilizaron muchas fórmulas para combatir la inflación. Con certeza, nuestro problema es político y no económico.

En algún tiempo se trató de frenar la cotización del dólar (y, por ende, de todas las monedas extranjeras, pues están ligadas), a través de limitaciones restrictivas sobre la demanda o presionando a una mayor oferta, para que el precio de la divisa no aumentara y de esa manera no influyera en la inflación, a costo de un atraso cambiario.

Siempre se obtuvieron los mismos resultados. Al cabo de un tiempo, y cuando aparecía alguna circunstancia política, social o económica de relevancia, la actualización del precio de las monedas extranjeras recuperaba con creces los valores perdidos y afectaba dolorosamente los niveles generales de precios, la actividad económica y las relaciones políticas del país.

Otras veces se utilizó el abominable recurso de disfrazar, de mentir sobre los verdaderos valores inflacionarios, con los mismos perversos resultados.

También se ha utilizado, y se está usando, la zanahoria de incrementar los rendimientos de los dineros disponibles, por parte de individuos y empresas, para que los mismos generen abusivas ganancias en términos reales. Son fondos pertenecientes a capitales nacionales y también internacionales, que lo único que hacen es especular, y en nada benefician a la economía del país; más aún, logran riqueza sin entregar nada a cambio.

Esto lo hacen a sabiendas los gobiernos, para producir el ingreso, por parte de extranjeros y también de los argentinos, de divisas que se venden en el mercado, y así obtener pesos para comprar obligaciones a corto plazo, muy bien rentadas; de esa forma aumenta la oferta de dólares, y así se mantienen o se bajan las cotizaciones de aquellas divisas, para que no influyan en el incremento del nivel general de precios. Es decir, se busca aquietar la inflación de manera artificial.

De esa forma consiguen que aumente la oferta y disminuya la demanda de dólares (u otras monedas extranjeras). Pero esto es poco durable, porque cuando se percibe que el negocio puede tan sólo disminuir (como está pasando), se sale de los pesos y se vuelve a posicionarse en dólares, lo que aumenta bruscamente la demanda, con los desafortunados efectos inflacionarios que esto trae aparejado. Las tasas de interés altas acarrean recesión a corto, mediano o largo plazo. Es un error pensar que la suba en la cotización de las monedas extranjeras es la causa de la inflación.

Es precisamente esta la que provoca la suba en las cotizaciones. Si no hubiera inflación, el precio del dólar, por ejemplo, debería bajar, precisamente por la inflación del país de origen, que en el caso de los Estados Unidos es del 3 % promedio anual.

La solución de fondo para obtener mayor riqueza, una mejor distribución y una inflación en disminución es incrementar la cantidad de bienes y servicios que se ofrecen en el país. Es decir, incrementar la producción y, más que eso, la productividad, que es el mayor rendimiento por cada factor productivo.

Nadie en este mundo moderno que nos toca vivir puede darse el lujo de consumir sin producir.

Todos debemos trabajar, con la sola excepción de los niños, los ancianos y los enfermos. Pero ¿cómo se logra este objetivo? Mediante el incremento de las fuentes de trabajo, que a su vez son consecuencia de las inversiones. Y, para que estas vengan, se necesitan principalmente dos importantes situaciones: primero, que la producción sea más rentable que la especulación, y segundo, y fundamentalmente, que haya confianza en el país, que este cumpla y mantenga las reglas legales en el tiempo y que se defina políticamente, cosa que en nuestro querido país aún no ha ocurrido.

Los capitales son, por definición, temerosos; necesitan un margen de seguridad para recalar.

Cómo seguirá la película. Enero un calendario con los “eventos inflacionarios más relevantes” que se produjeron el mes pasado.

Podemos mencionar, entre otros, la suba en el precio de los combustibles y la volatilidad ascendente del dólar, que aceleró hasta quedar por encima de los 20 pesos. La volatilidad global impacta en la Argentina por la alta dependencia del país al financiamiento del exterior. No obstante, descartamos cualquier posibilidad de una “crisis cambiara”. El Banco Central tiene 62.587 millones de dólares de reservas, lo que le da la posibilidad de evitar cualquier desbande. Pero si esto empeora se puede perder financiamiento y crecer menos este año.

El precio del dólar está subiendo por dos razones: la demanda doméstica mayorista, con la salida de capitales y turismo en torno a los 1.800 millones mensuales, y la volatilidad internacional por cambios políticos en los Estados Unidos. A ese panorama hay que sumarle los ajustes de tarifas en servicios públicos y peajes.

Con ese marco, ya se advertía que sería muy difícil romper la inercia inflacionaria, después del pico de diciembre pasado. Es casi marca registrada de la gestión macrista: los precios crecen más en la primera parte del año que en el segundo semestre.

El arranque de 2018 no difiere de otros. Uno de los datos más sorprendentes es la fuerte diferencia de valores, para un mismo producto, entre los locales de ventas en los que se verifican los precios: hay diferencias de hasta 62 %.

Eso origina que la misma canasta de productos tenga una brecha de más de 660 pesos entre el súper más barato y el más caro, y de unos 1000 pesos si se comprasen los artículos en forma individual en las bocas más económicas. Si bien los supermercados han profundizado su política de promociones para competir con el canal mayorista, no dejan de llamar la atención semejantes diferencias.

¿Cómo seguirá la película? Cuando todavía falta para conocer el índice oficial de la inflación de enero, la mayoría de las consultoras avizora un primer trimestre recargado y ajusta al alza sus previsiones para el resto del año.

Según el sondeo de expectativas del Banco Central, el mercado espera una inflación de 2,1 % para febrero y de 19,4 % para todo el año (2,5 puntos más de lo que se esperaba en diciembre).

¿La inflación bajará, seguirá igual o se acelerará en 2018? El Gobierno está convencido de que la inflación bajará con relación a 2017. Si la política monetaria no cambia, lo más probable es que la inflación de este año sea similar a la inflación del año pasado; o inclusive puede subir un poco. En este marco, no hay que esperar tampoco un mejor nivel de actividad cuando se comparen ambos períodos, analizó.

Para anticipar si la inflación baja, hay que mirar el ritmo de expansión de la base monetaria. La inflación bajará si el ritmo de emisión se reduce drásticamente. Una meta de inflación del 15 % anual exige que la cantidad de dinero no crezca más del 17 % con un nivel de actividad expandiéndose al 2 % anual. Si el PIB avanza más, bienvenido sea, la inflación será un poco más baja. En enero, la base monetaria está creciendo en torno del 24 %. En este marco, para poder bajar el ritmo de emisión monetaria y reavivar el proceso desinflacionario, el Banco Central debe endurecer su política monetaria y controlar los agregados monetarios.

Algunos conceptos para entender parte del fenómeno inflacionario

Inflación Sociológica: Otro tipo de inflación es el que denominaría sociológica, aunque normalmente se la designa como de costos, pues los costos en cualquiera de su modalidad y por causas que veremos en su momento, tienden a la subida y por ende los capitalistas sólo conciben el aumento de costos en la medida que se trasladan a los precios para de esa forma mantener el nivel de utilidades. Este aumento de los costos se presenta en varias formas:

  • Esfuerzo Sindical: Es cuando los sindicatos presionados por las fuerzas laborales logran gestionar un aumento de los precios en los bienes, con lo cual la subida de salarios pasa a ser una ilusión monetaria, ya que el poder adquisitivo real es constante en algunos casos y en muchos otros llega a ser negativo con respecto a la situación inicial.
  • Esfuerzo empresarial: Esto se da en aquellos sectores donde el empresario considera que la utilidad, o sea la remuneración al excedente bruto de explotación, está por debajo de lo normal y una vez calculado el aumento a otorgar traslada dicho efecto a los precios (Considerando los salarios son inflexibles a la baja). Obteniendo de esta manera una mayor remuneración.
  • Escasez de los Insumos Básicos de la Economía: El siglo XX fue un siglo de progresos tecnológicos, esto llevó a que las relaciones multilaterales de todas las Naciones se intensifiquen por lo tanto en la actualidad existen insumos básicos importantes para el desarrollo de un país por lo que al presentarse una situación de este tipo, el precio de los mismos tiende a subir para cubrir la demanda existente, por lo tanto al ser estos bienes básicos, hacen ascender el costo de los bienes y servicios que cada país produce, esto se traduce en una subida generalizada de precios a través del aumento de costos tanto directo como indirecto. Ej.: El precio del petróleo en 1973 y 1979.
  • Inflación Estructural: Este tipo de Inflación está sustentada por la escuela del mismo nombre, en realidad su explicación detallada es muy compleja pues no solamente introduce aspectos económicos, sino sociales, políticos e históricos.

Esta escuela relaciona la Inflación como un fenómeno de oferta y no de demanda. La inflación existe porque la oferta se presenta en una forma insuficiente a los requerimientos de la demanda, entonces sólo aumentando los precios se puede lograr el equilibrio entre oferta global y demanda global, aunque en caso de alcanzar este equilibrio no soluciona el problema estructural de lo que realmente está enferma la economía, por lo que el proceso se repite continuamente sin solucionar en ningún caso la enfermedad que sufren las estructuras.

Ahora bien, este tipo de inflación, a nuestro modo de ver, es el que sufren la mayoría de países subdesarrollados, mientras que los países desarrollados posiblemente ven en la inflación un exceso de demanda, o un aumento de costos, aunque creemos que a medio plazo la Economía Mundial estará convencida de que el problema central es la insuficiencia de la Oferta.

En definitiva, el problema estructural en una forma muy sencilla y simple, se presenta así: en una Economía dado el conjunto de relaciones y proposiciones que configuran, la oferta global esta medida a través de precios relativos, o sea, la comparación de un bien con otro teniendo como base el precio monetario.

Una vez definida la intensidad de la demanda, si ésta se modifica con respecto a un bien dado, surge el problema estructural por dos razones:

  • La oferta es completamente inelástica con respecto al precio, este aumento de precios monetarios que no tiene respuesta en la cantidad, modifica al precio relativo creando un ambiente propicio para la propagación.
  • Los precios monetarios son inflexibles hacia la baja.

Inflación de expectativa o de seguridad: Este tipo, se vincula a las expectativas existentes de crecimiento progresivo en los niveles de precios por inseguridad o inestabilidad del mismo

sistema, o por previsiones que seguirán actuando en la inflación de costos, de demanda o estructural. En este caso el operador privado para mantener el valor de reposición de un stock decide, ante y por seguridad, revaluar sus precios para poder “responder”.

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