Vittoriano Bitossi: Caballero de la Industria Cerámica – Por: Ricardo Alonso

Vittoriano Bitossi falleció el 17 de enero de 2018 en Montelupo Fiorentino (Florencia, Italia), a los 94 años de edad. En plena Segunda Guerra Mundial y con solo 17 años tomó las riendas de la empresa familiar a la que convertiría a fines del siglo XX en uno de los grandes emporios económicos de la cerámica mundial. Fue un verdadero profeta en su tierra, ya que vivió toda su larga vida, de casi un siglo, en la ciudad que lo vio nacer, crecer y prosperar. La misma ciudad donde murió y donde descansan hoy sus restos mortales. Bitossi nació un 27 de mayo de 1923 y fueron sus padres don Guido Bitossi y doña Genni Fontani. Casó el 30 de octubre de 1950 con María Luisa Fanciullacci con quien tuvo dos hijos, don Marco Bitossi y doña Cinzia Bitossi.

La región de Montelupo Fiorentino tiene registros de trabajos en distintos tipos de cerámicas religiosas y ornamentales desde al menos el año 1500. La región contaba con muchos siglos de tradición en el arte de la cerámica fina, vidrios y porcelanas. Fue así que el padre de Vittoriano, don Guido Bitossi, comenzó a principios del siglo XX con un pequeño taller de cerámica artística donde seguía con la usanza centenaria de la región. A los catorce años Vittoriano se vio obligado a interrumpir sus estudios para ayudar a su madre y hermanos.

En 1940 se convirtió en el gerente general de Colorobbia Cavalry G. Bitossi & Figli que sería la base del futuro Grupo Colorobbia internacional distribuido actualmente en 28 empresas, con operaciones en 18 países, más de dos mil empleados y una facturación anual de medio billón de euros. Don Bitossi se caracterizó por ser un innovador nato e intuitivo y siempre estuvo a la vanguardia de las nuevas tecnologías tanto para aplicarlas en sus procesos como para proveer de los materiales y materias primas claves a otras industrias. Dado su especialidad en colores para el mundo de las cerámicas, desarrolló toda clase de pinturas y pigmentos, naturales y artificiales, y recurrió a una amplia gama de minerales.

La aparición de las impresoras color le dio pie a desarrollar tintas especiales para su provisión y así creó una de las ramas de su empresa, Colorobbia Digital Space, con plantas en 11 países. En dichas plantas se procesan esencialmente tintas cerámicas, decoración digital, esmaltes digitales y gestión del color para impresoras de inyección de tinta con tecnología digital. Se destacó especialmente en la elaboración de cerámicas finas, tal el caso de azulejos de lujo, decorados con metales preciosos como oro, plata y platino.

En el campo de las cerámicas especiales avanzó en el uso de productos sinterizados de alúmina (óxido de aluminio) que permiten crear piezas livianas más duras que el acero. Con esta tecnología se desarrollaron bolas de molino para distintos medios de molienda, microesferas, revestimientos antidesgaste, bolas inertes de alúmina de alta densidad y silicatos de circonio micronizados. También creó una línea de esmaltes porcelánicos para el recubrimiento de superficies metálicas (acero y hierro fundido) que dan resistencia térmica y química, dureza, facilidad de limpieza e higiene.

Desarrolló toda clase de fritas, que son las que permiten el esmaltado de azulejos, sanitarios y otros objetos que requieren impermeabilización. Buscó utilizar productos ecológicos para el curtido de cueros, entre ellos el óxido de titanio. También utilizó y aplicó los productos a base de zirconio en cerámicas especiales y de alto tránsito, así como una división para la producción de óxido de plomo (minio), de alta pureza, fundamental para crear brillantez y transparencia en el vidrio; utilizado además en cerámica, cristal, pinturas y baterías.

Desarrolló un gran proyecto de boratos en Arequipa (Perú), bajo la firma Inkabor, para el aprovisionamiento de productos bóricos para usos cerámicos y como micronutrientes para el agro. También desarrolló un proyecto de boratos en Oruro (Bolivia). Para los desarrollos en Perú contó con el invalorable apoyo gerencial y técnico de Niccolo Bitossi y Mario Pepi respectivamente.

El Ing. Pepi fue un hombre clave y crucial en todas las etapas del desarrollo del yacimiento de ulexita (borato de calcio y sodio hidratado) de Laguna Salinas, ubicado en la Puna peruana entre los volcanes Misti y Ubinas, a 4100 m sobre el nivel del mar. Este desarrollo involucró desde las primeras etapas de exploración, la explotación del mineral, la planta de preconcentrado y la planta de productos finales (ácido bórico, octoborato, bórax, boronutrientes, etc.).

Bitossi era un empresario visionario y un trabajador incansable. Su clave era la reinversión permanente de las utilidades para seguir ampliando y diversificando el amplio mundo de la cerámica, pigmentos y tintas especiales. Apostó al Perú en una época muy difícil y convirtió al país en uno de los principales productores mundiales de productos bóricos. Desarrolló un área de minería para autoabastecerse y además proveer de minerales claves a otras industrias. Además de los productos bóricos se especializó en silicatos de zirconio micronizados, opacificantes de alúmina, óxidos, silicatos y carbonatos, feldespato y caolín para la producción de azulejos, entre otros.

Confiaba en los científicos y en sus estudios para potenciar la investigación y el desarrollo, áreas en la que hacía grandes inversiones. Era multimillonario pero eso no le cambiaba el origen de ser una persona sencilla, humilde, silenciosa y un gran mecenas y amante de la cultura. Personalmente me reuní con él en Italia a comienzos de la década de 1990 y fue muy generoso al financiar mis investigaciones en el campo de los boratos y minerales industriales en Perú, Brasil y Turquía. Tuve el honor de recibir por muchos años sus tarjetas navideñas firmadas de puño y letra.

Había instalado una planta en la cercana tierra de Leonardo da Vinci por quién sentía profunda admiración. Bitossi también apoyó la creación de un gran museo de la cerámica en Montelupo donde logró reunir, inventariar y catalogar más de 6000 piezas florentinas, distribuidas en siete modernas salas, en el complejo histórico Colorobbia. La reinversión y la expansión lo llevaron a crear grandes plantas industriales en Indonesia, Tailandia, Taiwán, China, India, Rusia, Turquía, Polonia, República Checa, Italia, España, Portugal, Brasil, Bolivia, Perú, México y Estados Unidos.

Nunca dejó de trabajar. Cierto día le pidieron a don Vittoriano que dijera cuál era su filosofía para con el trabajo y la riqueza y simplemente se limitó a decir que el dinero era principalmente útil en tanto y en cuanto permitía mejorar aún más la calidad y la productividad, además de lograr un ambiente de trabajo sano en donde todas las personas se sintieran cómodas, felices y realizadas. Ese es el ambiente de trabajo que se respira en las plantas industriales del Grupo Bitossi en todos los países donde se ha instalado.

Por sus altos méritos, le fueron conferidas dos valiosas distinciones al haber sido nombrado por el gobierno de su país como “Cavaliere del Lavoro” en 1998 y en el 2014 recibió la Orden al Mérito de “Commendatore de la República Italiana”. El ministro italiano Luca Lotti al enterarse del fallecimiento señaló que la muerte del Cavaliere Bitossi no sólo había enlutado al Montelupo que tanto amaba sino a todo el país. Luego subrayó que “Su trabajo y su compromiso son, y seguirán siendo para siempre, un ejemplo para todos nosotros y en particular para las generaciones jóvenes”. Concluyó afirmando que Italia le estaba agradecida por sus servicios al crecimiento económico de la nación.

Sin dudas su huella y acción son imperecederas y será recordado siempre por haber llevado a la industria cerámica y sus productos minerales a los más altos estándares internacionales.

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