Argentina necesita un estado más eficiente y una reforma política – Por: Valeriano Colque

En la realidad argentina, los recortes presupuestarios, la exacción impositiva sobre los sectores medios, los recortes a las jubilaciones y el impuesto inflacionario que cada ciudadano paga en ningún momento llegan a emparejar una carrera en la que el gasto público descontrolado sigue llevando la delantera, mientras crece la íntima convicción de que cada ajuste sólo es el prólogo del que sigue.

La pregunta del millón es si el país tolerará mucho tiempo más el exceso de fórmulas ya fracasadas y de costo creciente, en las que una parte de la clase media afronta la insensatez del resto.

El recorte en los subsidios nacionales es buena prueba de lo dicho: un ahorro de 94.000 millones de pesos parece no haber incidido en lo más mínimo, mientras el volumen del drenaje de recursos continua en creciendo, alentado por la ineficiencia del Estado en todas sus formas, puesto a gastar cual lo haría un insensato de jarana, mientras la Nación, las provincias y los municipios continúan superponiendo sus áreas con la más absoluta falta de coordinación.

Pero no alcanza todo ello, sin embargo, para explicar lo inexplicable: que en 15 años el empleo público haya aumentado más del doble que la población. Cada dos nuevos habitantes se crearon cuatro y medio nuevos puestos en el Estado, una muestra del delirio con la que aceptamos gobernarnos. Es inconcebible que nadie imponga a las provincias y–mucho menos un Gobierno nacional tan débil como en falta–una moderación o prudencia que a lo largo y ancho de nuestro territorio brilla por su ausencia.

Provincias como Salta han participado de este despilfarro, creando decenas de miles de nuevos empleos (en Salta el empleo público creció un 85 % entre 2005 y 2015) que los ciudadanos pagan con impuestos cada vez más elevados, mientras desmemoriados gobernadores recorren los medios de comunicación exigiendo a la Nación por la falta de cumplimiento de compromisos que sólo pueden liquidarse emitiendo más moneda y alimentando la escalada inflacionaria.

Pero es en el tema transportes donde el absurdo o despropósito se muestra aún más ofensivo, dado que el conjunto del país sigue subvencionando servicios de ómnibus, subtes y trenes a precio de saldo para bonaerenses y porteños, sin olvidar tarifas de energía que apenas llegan a un tercio de las que se abonan en el interior. No es nuevo que las autoridades de turno cuiden los votos de los mayores distritos electorales admitiendo implicitamente que hay ciudadanos de primera y otros de segunda.

Argentina necesita una burocracia estatal más eficiente, con mejores servicios para todos; pero, a la vez, una reforma en profundidad en lo político que compense el enorme desequilibrio originado.

pie-Dr-Valeriano-colque

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