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La sociedad líquida, en liquidación. Terrorismo, aquí y ahora – Por: Martín Risso Patrón

 La exclusión del otro, la asimilación del otro despojándole de su  naturaleza, y la invisibilización del otro para que desaparezca del propio mapa mental, son algunas de las estrategias de la convivencia social, hoy. [Zygmunt Bauman, La modernidad líquida].

De terror

Convoqué a don P. Grullo, asesor mío para estos momentos cuando ando medio tupido y caigo en laberínticos berenjenales que me hacen perder la perspectiva de lo simple. Con su simpleza rayana en lo sublime, Don Grullo, sin preguntar siquiera el motivo de mi llamada, se instala frente a mi escritorio, mientras me dicta lo que se le ocurre, y yo lo escribo. Adivina el genio, que no he podido siquiera salir de la pesadilla de anoche en la que la palabra terrorismo se me colgaba de la solapa, sobrevolaba como un drone fantasmal sobre las cabezas perforadas de niños muertos, mujeres desfiguradas, autos incendiados, minas gamberras que quemaban pobres crotos en las calles, granadas de fragmentación en los basureros y jueces que eran conducidos en andas por psicópatas asesinos y violadores en procesión por una avenida en la que corrían también trenes siniestros con muertos colgados de las puertas. Maestras en sus aulas, guardias médicas hospitalarias destruidas a los tiros. Francotiradores en la plaza hiriendo gente con churrinche. Entonces me dice “obvio”, Don Grullo, ampliando que Freud dijo que los sueños son condensaciones de lo que uno ve, despierto, todo mezclado, como una manera de liberar el subconsciente cargado para luego simbolizarlo aplastando una cucaracha, por ejemplo, y así alivianar el terror sudoroso. Al retornar a lo cotidiano desde el sueño, uno se siente, a su vez, una cucaracha.

Ser residuos

Bauman afirma que la producción de “residuos humanos” constituye una consecuencia inevitable de la modernidad. Por lo tanto, en la sociedad posmoderna, se generan nuevas formas de vinculación social que garantizan que no hay otredad, el otro deja de existir existiendo sólo como objeto inevitable y necesario para uno, sin olvidar que uno es borrado a su vez del mapa por el otro. Matándolo. Así de simple. Las migraciones, las guerras, los agravios a la ecología global y sus consecuencias medioambientales, no producen otra cosa que una humanidad chatarra. Según criterio de don Pero Grullo, que aquí me acompaña, al enjambre, que no colectividad de intereses humanos en Sociedad planteado por Bauman, sino perduración del momento en las mejores condiciones posibles de placer, no apetece hacerse del Poder social político institucional; sólo le apetece el Poder sobre el otro urbano que no existe existiendo, aplastándolo, como una cucaracha. Del poder institucional, que se haga cargo aquel politicastro de turno que gozará de complacencia mientras deja intocado el Poder líquido de las calles, garantizándolo y mimándolo como un patético Zaffaroni de la Impunidad Líquida pero concreta. Si sale otro de las urnas, no importa; con hacerle imposible la vida republicana moviendo los hilos a través de los Líderes derrotados, licuados, ciertamente licuados pero con dinero, meta nomás.

La que limpia, fija y da esplendor a la Lengua, llamada RAE, se ocupa de la palabra terror: Miedo intenso, afirma; y a miedo, pule definiéndolo como angustia por un riesgo real o imaginario; y a la angustia, la define como temor. Trilogía que según Don P. Grullo, aquí presente, define hoy a una sociedad que por ahora felizmente aún se resiste a ser aquel enjambre que señala Bauman, pero que siente que la fortaleza de los lazos sociales son cada vez menos sólidos; o sea, tendiendo a convertirse en líquidos según la metáfora que venimos siguiendo. Ahora, si esto responde a un plan racionalmente concebido, esta sociedad líquida nacional está en liquidación. La chatarra que le conviene al organizador de la trilogía del terror: miedo-angustia-temor, está servida.

Una terrorífica hipótesis

Despedí a Don P. Grullo que se fue silbando bajito con el pucho en la oreja y el sombrero de chanfle sobre las espesas cejas, obvio, como siempre. Entonces me digo “no puede haber tanta casualidad”. Sorbí despacio el café y el humo del pucho y un pesado trago del coñac barato compañero silencioso de estas crónicas urbanas y también rústicas, y así arremetí con el teclado escuchando a Biagi en la madrugada esta que despunta porque tengo miedo a dormir y soñar con esa procesión y los drones, etcétera. Deletreo hipótesis porque lo que viene no me consta nada más que en una construcción de sospecha y de datos percibidos por los periscopios que dios me dio, y es una construcción de mi intelecto a estas horas lúcido, insomne y envalentonado.

Entonces se asoma don Grullo por la ventana y pide paso. “Te la dejé picando y me parece que la pescaste…”, lo escucho decir justo antes de escribir: Toda mi pesadilla tiene sentido siempre y cuando exista un algo organizador. Algún planificador serial que imaginó que hay que proporcionar miedo-angustia-temor, para hacer chatarra sobre chatarra y liquidar lo liquidable. No es el Juez que reina en su trono, lo que no le quita su asquerosa función de herramienta; tampoco el cana que libera su zona, que tampoco, ni siquiera el psicópata liberado a pesar de los pelotazos en contra que le propinaron los informes psiquiátricos a los que los jueces ni la hora, mire vea, ignorándolos por un mandato líquido pero firme. El psicópata que sale y vuelve a matar y violar, lo hace por mandato de su propio yo liquidado, pero en la mente del Gran Organizador estaba ya decidido que así debe ser, porque es una cucaracha al servicio del servicio del servicio militante. Por si fuera poco la tele y las redes sociales que en realidad son el primer líquido de esta historia, machacan la noticia que el Gran Organizador quiere difundir, y después la nada.

República: Está en tus manos descubrir al siniestro Organizador del Terror, oculto ante  tus propias narices, sencillamente porque es invisible en la sociedad líquida; agua dentro del agua; pero está, existe, ordena y tiene plata, mucha plata. Te cuento una cosa de último momento, República: No sé cómo, mi pesadilla es vista por millones de mansos ciudadanos con sólo encender el televisor, abrir el portón, o mirar el monitor de su camarita de seguridad.

Gracias, Zygmunt Bauman y don P. Grullo, por su compaña. También don Sencillo y Doña Clota porque me vinieron a confesar su angustia y no sé si lo merezco.

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