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El lado femenino de la ciencia – Por: Ricardo Alonso

Los argentinos tenemos una deuda de gratitud con Eugenia Sacerdote de Lustig, la mayor científica del siglo XX. Fue ella quién nos salvó del terrible flagelo de la poliomielitis. Y también con cientos de otras mujeres científicas anónimas que aportaron desde distintos campos del conocimiento. Aquí se rescatan a muchas de las mujeres que dieron cuerpo de doctrina a la mineralogía argentina. La historia de la ciencia tiene una asignatura pendiente con las mujeres que dedicaron su vida a la investigación y lograron resultados trascendentales en todas las disciplinas.

A lo largo de la historia de la humanidad hubo miles de mujeres brillantes y geniales que hicieron aportes fundamentales en todos los campos de las ciencias y de la técnica. La historia rescató a algunas de ellas del injusto olvido. No podemos dejar de mencionar en primer lugar a Hipatia, una matemática notable que vivió en el siglo IV de nuestra era. Por sus ideas avanzadas chocó de frente con Cirilo, quien ordenó que la despellejaran viva. Cirilo fue proclamado doctor y santo de la iglesia católica. Otra mujer de grandes conocimientos en la antigüedad fue Cleopatra que pasó a la historia por su exótica belleza y sus amoríos con emperadores romanos, aunque se ha olvidado su rol en la organización de grandes bibliotecas que almacenaron la suma del conocimiento de su época.

Pasaron casi dos mil años en que la ciencia estuvo en manos de hombres así como también las grandes revoluciones científicas: Copérnico, Galileo, Kepler, Newton, Lyell, Darwin, Planck, Einstein, entre otros. Recién a fines del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX va a surgir una mujer excepcional que rompe con todos los estereotipos y es la polaca Marie Curie, ganadora de dos premios Nobel. Descubrió el radio y el polonio, trabajó con la radiactividad y generó avances notables en la química moderna. Su tumba puede ser visitada en París en el Panteón de los Héroes de Francia.

Un caso notable es el de dos primas italianas expulsadas por el régimen fascista de Benito Mussolini. Una de ellas, Eugenia Sacerdote de Lustig (1910-2011) emigró a la Argentina mientras que su prima Rita Levi-Montalcini (1909-2012) viajó a los Estados Unidos. Ambas siguieron sus respectivas carreras científicas en el campo de la medicina con suerte desigual. A poco de su llegada a Estados Unidos, Rita recibió todo el apoyo para desarrollar sus estudios en neurobiología que la convertirían en una referente mundial en el tema, lo que le valió el Premio Nobel. Por su parte, Eugenia tuvo que enfrentarse a prejuicios, trabas burocráticas y al igual que el resto de los científicos fue enviada a “lavar los platos” por un recordado ministro de economía. La obra de Eugenia la hace acreedora y merecedora del más alto de los reconocimientos de la nación. Fue ella la que casi en soledad luchó para fabricar la vacuna contra la poliomielitis que causaba estragos en el país. Para demostrar que estaba acertada usó cerebros de monos Rhesus y se la inoculó ella misma así como a sus hijos pequeños. A su persistencia le debemos que el flagelo no haya afectado a una capa más amplia de la población. Su obra fue comparada con la de Mary WortleyMontagu (1689-1762) y su lucha contra la viruela. A pesar de una vida de laboratorio, entre gérmenes y microscopios, ambas primas fallecieron centenarias.

La historia de la ciencia reconoce una larga lista de científicas de los siglos XVIII, XIX y XX que se destacaron especialmente en matemáticas, astronomía, física, química, medicina y biología. Estas vidas han sido rescatadas en un libro extraordinario titulado “Las Pioneras: Las mujeres que cambiaron la sociedad y la ciencia desde la Antigüedad hasta nuestros días” (Ed. Crítica, Barcelona, 124 p., 2011) escrito por Rita Levi-Montalcini y GiuseppinaTripodi, donde entre 70 biografías mundiales de científicas se rescata a nuestra Eugenia Sacerdote de Lustig (p. 91-93). Recordemos además la película “Talentos ocultos” que redime la vida de las científicas afroamericanas de la NASA, Katherine Johnson, DorothyVaughan y Mary Jackson que se desempeñaron como “computadoras humanas” en los inicios del programa espacial.

En Argentina casi no hay ejemplos de mujeres científicas en el siglo XIX y recién en las primeras décadas del siglo XX comienzan a perfilarse mujeres en algunos campos de la investigación. Es curioso que un libro dedicado a la historia de la ciencia en Argentina como es el de José Babini (1986), no mencione a ninguna mujer. Es como si la ciencia hubiese sido cosa exclusiva de hombres. Nada más lejos de la realidad como lo vienen demostrando con sus estudios Irina Podgorny, Susana V. García, Alejandra Pupio y Silvia Ametrano, entre otras, tal se rescata en el Diccionario Histórico de las Ciencias de la Tierra en la Argentina (Podgorny, I., La Plata, 400 p., 2016). Aun cuando brilló como escultora no podemos dejar de mencionar a principios del siglo XX a la salteña Lola Mora quien investigó en soledad la destilación de petróleo y gas de esquistos y dejó publicaciones al respecto.

En este artículo vamos a poner énfasis en las mujeres que se destacaron en el campo de la mineralogía argentina. En primer lugar la Dra. Edelmira Mórtola, graduada en 1921, que fuera la primera geóloga argentina. Fue compañera de estudios del ingeniero e historiador salteño Rafael P. Sosa. Su libro “Nociones de Mineralogía” (1930) sigue siendo un clásico en la materia. Otras dos mujeres que brillaron y aún brillan por sus conocimientos, investigaciones y obra científica son la Dra. Milka K. de Brodtkorb y la Dra. Hebe Dina Gay, especialistas en minerales opacos y transparentes respectivamente. Ambas son autoras de centenares de trabajos científicos y libros sobre mineralogía, algunos en coautoría mutua; han alcanzado los más altos grados como profesoras universitarias e investigadoras científicas; son académicas de ciencias y han recibido premios nacionales e internacionales. La Dra. Brodtkorb ha formado a numerosos discípulos en Buenos Aires y un nuevo mineral ha sido bautizado en su nombre: la brodtkorbita, un seleniuro de cobre y mercurio descubierto en la provincia de La Rioja.

La Dra. Gay ha formado a decenas de discípulos en Córdoba y un nuevo mineral ha sido bautizado en su nombre: la gayita, un fosfato hidratado de sodio, manganeso y hierro descubierto en la pegmatita Gigante del departamento Punilla (Córdoba). Un caso particular lo constituye en Salta la Dra. Teresita del Valle Ruiz y la Geól. Alicia Quiroga, docentes de la Universidad Nacional de Salta, las cuales recibieron en 2013 el Premio “Dr. Roberto Beder” de la Asociación Mineralógica Argentina (AMA). Ambas son especialistas en minerales de boro y tienen decenas de artículos publicados, entre ellos el libro “Mineralogía de los boratos de la República Argentina”, en coautoría con el autor de esta nota. La Dra. Ruiz es además la descubridora de un mineral nuevo para la ciencia, la catalanoíta, un fosfato ácido de sodio hidratado en una laguna alcalina de la Puna salteña, que le fuera dedicado al prestigioso científico argentino Dr. Luciano R. Catalano (1890-1970).

En la primera mitad del siglo XX se destacaron en La Plata las hermanas Cortelezzi que se especializaron en ciencias geológicas, tanto en mineralogía como en paleontología. Una de ellas, Juana, ganó el cargo de profesora de mineralogía en 1933 imponiéndose nada menos que al sabio alemán Pablo Groeber. En Córdoba se destacó Josefa G. de Peláez, la primera doctora en ciencias geológicas de aquella universidad. Desde las últimas décadas del siglo XX y hasta el presente han brillado en el firmamento de la ciencia mineralógica argentina, entre muchísimas otras, las doctoras Lidia Malvicini, Dora Bedlivy, Selva Tourn, Silvia Ametrano, Graciela R. Más, Luisa Villar, Teresita Montenegro, Juana Rossi de Toselli, María F. Márquez Zavalía, Brígida Castro de Machuca, Marta Franchini, Ana Fogliata, María F. Gargiulo, Magda Koukharsky, Silvia Lagorio, Vanesa Litvak, Orquídea Morello, Diana Mutti, Norma Pezzutti, Stella Poma, Sonia Quenardelle, Marcela Remesal, BelenRoquet, Alina Tibaldi, María Elena Vattuone, con una pléyade de discípulos y discípulas formados por ellas. Hoy las mujeres tienen un papel preponderante en la mineralogía argentina. Salvo ensayos esporádicos, la historia de esta ciencia es una asignatura pendiente.

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