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Boratos en la Puna y en Marte – Por: Ricardo Alonso

En la década de 1990 dimos a conocer en Salta la posibilidad de la existencia de minerales de boro en Marte al igual que lo que ocurre en la Puna Argentina. Recientes estudios confirmaron la presencia de boratos en una vena de yeso en lo que fue un antiguo lago salado completamente desecado en el interior de un cráter meteorítico marciano. El boro es esencial en la estabilización del ácido ribonucleico (ARN) y se encuentra como elemento químico vital en el origen de la vida. Su descubrimiento en el planeta rojo abre nuevos horizontes sobre el complejo tema de la exobiología en nuestro y otros sistemas solares de la Vía Láctea.

Las casualidades, causalidades y serendipias (hallazgos afortunados inesperados) se entrecruzan a veces de las maneras más curiosas. La historia viene a cuento a raíz que allá por el año 1994, en estas mismas columnas del diarioEl Tribuno, planteé la posibilidad de que en algunos cráteres de Marte se pudieron haber formado salares y que en esos salares podrían haberse precipitado sales por evaporación (evaporitas). Y para rematar se barajaba la remota posibilidad de que se hayan formado boratos siguiendo una analogía con los ambientes terrestres donde esas sales exóticas se precipitan. La formación de boratos en nuestro planeta está ligada a la concurrencia de numerosos factores entre ellos volcanismo, cuencas cerradas y clima árido. El artículo a que se hace referencia es: Alonso R.N., 1994. ¿Salares en Marte? Diario El Tribuno, Sección “Humanidad y Conocimiento”, 9-5-94, p. 29, Salta. La sorpresa es que en septiembre de 2017 un grupo de 16 científicos internacionales asociados a la NASA descubrieron la presencia de boratos en Marte. El grupo integrado por americanos, ingleses, dinamarqueses y franceses, estuvo liderado por Patrick J. Gasda del Laboratorio Nacional de Los Alamos en Nueva México quienes dieron a conocer el hallazgo en las GeophysicalResearchLetters de la Unión Geofísica Americana (AGU). La cita del artículo es: Gasda, P. J., et al. (2017), In situ detectionof boron by ChemCam on Mars,Geophys. Res. Lett., 44, doi: 10.1002/2017GL074480. Resulta también al menos curioso que uno de los especialistas en los estudios del boro y los boratos del programa espacial sea el científico norteamericano Alonso Ricardo, homónimo inverso del autor de esta nota. En 1994 nuestra especulación se basó en imágenes que fueron captadas por el Vikingen la década de 1980. Refrescando aquel viejo artículo decíamos que: “La investigación de los planetas que nos acompañan en el  sistema solar está siempre llena de novedades. Los geólogos que  han incursionado en la nueva rama de la planetología o “geología  planetaria”, se encuentran en plena tarea de identificar los  rasgos de las superficies de los diferentes cuerpos celestes.  Desde un punto de vista histórico, podemos decir que el “padre”  de la nueva ciencia es el astronauta-geólogo Harrison “Jack”  Schmidt, el único científico que pisó la luna. Entre las formas  de los relieves planetarios, se han identificado toda clase de  cráteres producidos por el impacto de asteroides y cometas;  volcanes; fallas tectónicas antiguas y  jóvenes; extensas coladas de lavas; cauces secos, redes de  drenaje y profundos cañones; terrenos estratificados; curiosos  domos gigantes; campos de dunas; y, en fin, toda una gama de  formas de la corteza interior y exterior propias de las  condiciones dinámicas imperantes en  los distintos planetas y sus  satélites. Meridianamente, la Tierra sirve como una valiosa  analogía a la hora de discutir la fisiografía planetaria, y  viceversa, las caras de los planetas son una gran ayuda para  comprender cuestiones complejas del pasado terrestre. Uno de los  rasgos que aparecía como enigmático era “White Rock” (Roca  Blanca); extraña formación de materiales claros detectada por el  Viking, en el interior de un cráter sin nombre, de 90 km de  diámetro, en la región de SinusSabaeus, próximo al Ecuador  marciano. Comprende un depósito de 15 km de largo, que aparece  cerca en una de las paredes del cráter, por lo que en principio  se pensó que podía corresponder a un desplome de ladera. Ello  se descartó porque el material que forma el cráter es de color  más oscuro que el de la Roca Blanca. También se descartó que  pudiera ser una acumulación de arena, al comparar con dunas bien identificadas de la superficie marciana. No se considera que sea  hielo, ya que no ha tenido cambios a lo largo de los años de  observación, ni tampoco que sean los restos de un flujo volcánico  explosivo del tipo de las ignimbritas (rocas muy abundantes en la  Puna), en base a que no hay esa clase de volcanismo cercano. Se  aprecia sí, cómo el viento ha cortado profundos surcos de  erosión, lo que hace sospechar que se trata de materiales  blandos; y permite que se pueda medir el espesor de la  acumulación que alcanza a 540 metros en la parte principal. Las  distintas evidencias llevaron a Steven H. Williams, de la  Universidad de Arizona y James R. Zimbelman de la Smithsonian, a  proponer en el número de febrero de 1994 en la revista  Geology, que se trata de un depósito sedimentario de un viejo  lago marciano. Dichos autores sostienen que el grueso del  depósito serían rocas formadas por evaporación de las aguas, o  sea evaporitas, y por tanto similares a las que se forman en los  lagos secos salinos de algunas regiones de la Tierra. Esas evaporitas serían mayormente cloruro de sodio, la sal común que  todos conocemos, así como sulfato de magnesio y yeso. Bajo estas  condiciones cabe preguntarse ¿puede la Roca Blanca ser restos  erosionados de un antiguo salar marciano? Si ello es así, y  considerando que se trata de una cuenca cerrada, en un planeta  con importante volcanismo, con un clima que fluctuó en el pasado,  entonces no sería arriesgado pensar que también pudieron llegar a  formarse las sales de boro, o sea los boratos, aunque esto sí que es pura ciencia ficción.  Marte es hoy un  híperdesierto, pero que muestra sospechosos rasgos de haber  tenido en el pasado extensos cuerpos de agua, un clima más  benigno y tal vez, formas primitivas de vida. La posibilidad de  Roca Blanca como un depósito de evaporitas abre grandes  expectativas para los estudios de los paleoclimas y la exobiología marciana”.Han pasado 23 años desde entonces y ahora se informó del primer hallazgo de boro en Marte en el Cráter Gale por la cámara de análisis químico (ChemCam) a bordo del robot marciano Curiosity de la NASA. El cráter Gale tiene 155 km de diámetro y se encuentra ubicado en Terra Cimmeria, una región del Ecuador marciano. El boro se encuentra concentrado en venillas de yeso (sulfato de calcio hidratado) que atraviesan capas de materiales arcillosos o limosos de origen lacustre que yacen en el fondo del cráter. Los investigadores piensan que hay dos posibilidades para esa concentración de boro en venillas. Una sería el lavado por aguas subterráneas de las rocas que forman el basamento rocoso del cráter y una segunda directamente el lavado de viejos depósitos de evaporitas con boratos que se habrían formado en el interior del cráter. Esto implica mecanismos de evaporación y una composición alcalina de las aguas. Para el análisis de la relación existente entre el sulfato de calcio y el boro los autores se basan en lo que ocurre en la Tierra y citan a propósito un trabajo que publicamos con el científico español Federico Ortí Cabo de la Universidad de Barcelona en una revista internacional (véase: Ortí Cabo F. y R.N. Alonso, 2000. Gypsum-Hydroboracite Association in the Sijes Formation (Miocene, NW Argentina): Implications for the Genesis of Mg-Bearing Borates.  Journal of SedimentaryResearch, 70 (3):664-681). El boro es un elemento intrigante para la geología y la astrobiología. La importancia del boro radica en su papel clave en el origen de la vida. Ello en razón de que forma la columna vertebral del ácido ribonucleico (ARN). Y el ARN es una de las principales formas en que la información genética se almacena y se utiliza en nuestros cuerpos. Si el ADN es el manual para construir y ejecutar el sistema, entonces el ARN es la persona que lee el manual y ejecuta las instrucciones. Las proteínas son las que realmente llevan a cabo muchas de las funciones celulares, y sin ARN no tenemos manera de hacer eso. Los aniones borato retardan la descomposición de la ribosaun compuesto prebiótico importante. De allí la excitación por el hallazgo de este elemento en el Planeta Rojo ya que la vida pudo haber comenzado también en Marte, incluso en Marte antes que en la Tierra, y abre además nuevas puertas a la exobiología en otros planetas.

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