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Pobreza e indigencia – Emergencia alimentaria – (*) Por: Edmundo Falú

La pobreza vuelve a los niveles de finales de 2015, mientras tenemos casi medio millón de personas más bajo la línea de indigencia. Es decir, que hay más hambrientos en la Argentina, dato este que fundamenta el reclamo de las organizaciones sociales que exigen la declaración de la Emergencia Alimentaria.

La medición  de pobreza e indigencia correspondiente al 1er Semestre 2017 comunica que el nivel de pobreza es actualmente del 28,6% mientras la indigencia afecta al 6,2% de la población. En términos poblacionales, lo anterior implica que 12,5 millones de personas viven en hogares cuyos ingresos no logran cubrir una canasta básica total al tiempo que 2,7 millones pasan hambre.

La línea que delimita la indigencia, es a Junio de $6.045, lo cual implica que cada integrante familiar debe disponer de $48 diarios para no ser indigente mientras el umbral para evitar caer en la pobreza es de apenas $118 por día para solventar gastos alimentarios y otros.

Bajo la administración del gobierno actual, las medidas de política económica de mayor regresividad para el salario, como  la devaluación de fines del 2015 y la quita de retenciones entre las más importantes, impactaron fuertemente en los ingresos de la población durante el año 2016.

Como consecuencia de ello, la pauperización de las condiciones de vida se reflejó en un incremento de la tasa de pobreza e indigencia.

Durante el 2017, la actividad económica comienza tener una leve recuperación concentrada en un conjunto de sectores y ramas vinculados a la construcción (de la mano de la obra pública) y a la actividad primaria, que trae un marginal alivio en el empleo y los ingresos, y que  en el marco de la desaceleración temporaria de precios, hasta el próximo tarifazo, puede haber impactado en un descenso temporario de la pobreza en estos últimos meses.

Pero no ocurre lo mismo con la indigencia, situación en la cual  la combinación entre el deterioro del poder adquisitivo de políticas sociales como la asignación por hijo, con el incremento en el precio de los alimentos resultante de la quita de retenciones y la ausencia de regulaciones en lo oligopolios comerciales y productivos, dan como resultado un aumento de la población en dicha situación.

La diferencia entre el umbral de pobreza y los ingresos de las familias pobres es mayor en el primer semestre de 2017 que en el semestre anterior. La misma pasó del 37% al 37,7% mientras la brecha de indigencia pasó del 40,1% al 41,7%. Es decir, que a las familias pobres o indigentes les hará falta más ingresos que antes para superar su condición.

(*) (El autor es candidato a diputado nacional por el Frente Popular para la Liberación)

Fuente: danielsalmoral.com

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