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La campaña en marcha. Nuevos rostros, viejas promesas… – Por: Daniel Salmoral

La campaña electoral avanza hacia el comicio y al parecer en los días por venir, podría caer en ataques y descalificaciones personales entre los candidatos quienes, desesperados, al parecer recurrirán a lo que sea con tal de conseguir un voto.

El propio gobernador Juan Manuel Urtubey comenzó esta oleada cuando calificó de “mendicante” al intendente Gustavo Sáenz, por recurrir permanentemente al gobierno nacional de Mauricio Macri en busca de fondos para llevar adelante obras esenciales para la ciudad, como las de bacheo, por ejemplo.

Walter Wayar, el candidato a senador capitalino por el “Frente Ciudadano para la Victoria”, también echó pullas y tiró puñales con cicuta hacia el Jefe comunal de la Capital.

Desde la oposición, también hubo ataques. El blanco, fue el candidato “estrella” del oficialismo, Adrián Valenzuela, a quien tildaron de “violento y golpeador de mujeres”.

Otro, le dijo “ganso” a un ignoto candidato a concejal.

Lo cierto es que el 22 de Octubre se aproxima rápidamente y muestra nerviosas a conocidas figuras políticas que ven llegar su ocaso porque tuvieron, en esta oportunidad, que recurrir a gente de “afuera” para que sus partidos y frentes electorales tuvieran chances de conseguir aunque más no sea un puñado de sufragios.

La irrupción en los primeros planos de “outsider” que hasta hace poco eran ácidos críticos de la política y los políticos, está hablando a las claras, sobre todo en el oficialismo salteño, de un fracaso a la hora de formar dirigentes que sean claros exponentes de su pensamiento e ideario doctrinario.

Un viejo dirigente, que logró quedar en pie, Andrés Zottos, salió por estos días a realizar promesas de lo que hará en caso de llegar a una banca nacional, a pesar que ya pasó por allí y no hizo nada por cambiar una realidad social que sigue golpeando a los sectores más vulnerables sobre todo.

Desde los medios, otros dicen: “Si llego a ser tal cosa, haré tal otra por ustedes”, sin que se les caiga la cara de vergüenza, convencidos que la sociedad salteña sufre de amnesia y no recordará promesas falsas anteriores que nunca cumplieron.

Los “nuevos” candidatos, en tanto, se muestran sonrientes y nada más porque de propuestas concretas poco y nada dicen.

Cumplen al pie de la letra lo que les han indicado sus “mentores”, quienes le ordenaron expresamente: “pocas palabras y muchas sonrisas, muchas selfies, muchos afiches pero nada de decir cosas de las cuales poco y nada saben”.

Varios de ellos, desconocen a ciencia cierta cuál será la tarea que les aguarda en caso de acceder finalmente a la banca legislativa que buscan.

Provoca pena, más que otra cosa, escuchar a algunos hablar de instaurar castigos severos a violadores o femicidas, cuando en realidad deberían estar hablando sobre que hacer con el caos del tránsito o la mal llamada venta ambulante que invade irresponsablemente los espacios públicos, porque lo que buscan es un escaño como concejal.

Esta elección, una vez que pase, comenzará a bosquejar el nuevo mapa político provincial y municipal.

El gobernador Urtubey, impedido ya de volver a competir por la gobernación provincial, buscará dejar a su “delfín” muy bien posicionado para el 2019.

Para eso, hace falta esmerilar fuertemente y desde ya, la tarea de todos aquellos que pudieran llegar a hacerle sombra dentro de dos años.

Varios de sus dirigentes, obedientemente, ya están en esa tarea.

El intendente Sáenz, por su parte, ya con la mirada puesta en las colinas del Grand Bourg, tiene primero que culminar su tarea en el municipio de la mejor manera.

Para eso hace falta, antes que nada, que mantenga el control sobre el Concejo Deliberante porque de otra forma tendrá sobre su testa, como una especie de espada de Damocles, la posibilidad que el cuerpo deliberativo comunal se convierta en una “máquina de impedir” que no sólo le trabe indefinidamente proyectos, sino que además lo amenace con la posibilidad de llevarlo, solo por intereses políticos, a enfrentar un juicio político y su posterior destitución, tal como ocurrió con el ex vice gobernador de Roberto Romero, Pedro Máximo de los Ríos, en tiempos de la caliente interna peronista, aquella de los “negros con los negros y los cholos con los cholos”.

“Muchos caschis ya le quieren morder los talones a Gustavo (Sáenz), por eso salen por algunos medios afines a decir cualquier boludez sobre su gestión”, afirmaba un funcionario del CCM.

Alejada de este microclima, la otra sociedad, la que transpira la camiseta diariamente, mira y escucha con indiferencia y bronca lo que pasa en los predios del poder sin prestarle demasiada atención.

Está cansado de las promesas vacías y es sabedor que más allá de lo que ahora le digan, no cumplirán. “Son todos lo mismo”, sostienen.

“Pero son caras nuevas”, argumentan algunos, incitándolos a los incrédulos para que acompañen a sus candidatos.

“Es gatopardismo puro”, contestan los ciudadanos de a pie.

“Serán otros rostros, otras sonrisas, pero será más de lo mismo”, opinan.

Muchas caras conocidas, abandonarán las marquesinas y en los procesos comiciales venideros, serán solo recuerdos.

Alguien podría decir que está bien porque la renovación siempre en la Democracia es saludable y eso es muy cierto.

La macana es que todo indica que quienes aseguran llegar con aires nuevos a la política, traen en sus alforjas las mismas recetas oportunistas, populistas y demagógicas, que es la que todos estos años desplegaron sus mentores, que no son otros que quienes los fabricaron.

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