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Desafíos para una Argentina presa de lo cotidiano y lo electoral – Por: Valeriano Colque

Por momentos, el Gobierno nacional y la oposición política parecen hablar de verdades antagónicas sobre la evolución de la economía.

Para el Gobierno, la inflación se desaceleró entre julio de 2016 y enero 2017, al registrar una suba de precios de 8,1 %. Ilusionado, asevera que se cumplirá la meta del 17 % para este año. Sin embargo, las propias autoridades admiten que la inflación tendrá un salto en el trimestre febrero-abril en función de los aumentos, ya previstos, en los combustibles, la electricidad y el gas natural.

Los dirigentes de la oposición, si bien reconocen una desaceleración en la fuerte suba de precios registrada en el primer semestre de 2016, advierten que los aumentos no se frenaron, por lo que una mayor porción de la población vive una situación inestable. En ambos casos, los diagnósticos y planteos de solución no son expuestos en su totalidad.

La administración de Mauricio Macri cometió un grave error político al no realizar un inventario sobre la situación en la que recibió el Gobierno, por lo que cualquier apelación a la herencia recibida resulta extemporánea.

Tampoco existe un planteo claro y contundente sobre cuál será la hoja de ruta ­para lograr una economía competitiva y sustentable. Las optimistas intervenciones del ministro de Hacienda no logran despejar las dudas sobre cuál será la inflación real de los próximos meses, cuándo se recuperará el empleo y cuál será el nivel de consumo que pueden proyectar los argentinos para este año.

Las críticas de la oposición son una radiografía de lo que sucede en el campo de la economía, pero no avanzan más allá de esos diagnósticos. La sociedad comparte esas observaciones, pero también descree de las intenciones de sus voceros, pues la mayoría tuvo algún tipo de participación en la administración kirchnerista, que condujo a esta crisis. Esta expresión, por contraste, nunca fue usada por el macrismo.

La campaña electoral para los comicios legislativos de medio término ya está lanzada. Este dato torna impensable un acuerdo social con la participación de trabajadores y empresarios, para acordar un plan de medidas mínimas que alienten un mayor empleo formal y la baja de precios.

En palabras del ministro Dujovne, se trata de reducir los costos asociados a la ­infraestructura, que impactan en la logística, el capital y el trabajo, que no sean salarios. Todo un desafío para una Argentina presa de lo cotidiano y de las urgencias electorales.

Pobreza: ¿falta de educación o cuestión genética? Desde que me acuerdo, los pobres son el caballito de batalla de los políticos. Para no irnos tan atrás, desde el advenimiento de la democracia, cada año se suma más ayuda alimentaria para combatir la pobreza.

Pero pasan los años y parece que todo sigue igual. Ahora nos sorprendemos cuando la estadística dice que hay un 30 % de pobres. Pues ese mismo porcentaje había 20 años atrás.

Todas las ayudas recibidas no hicieron variar la cantidad de pobres. El presidente Mauricio Macri destinó una partida de 10.000 millones de pesos para este año y los dos que vendrán. Habrá que esperar los resultados.

Ya está vigente la asignación familiar por hijo (AUH) que tiene la ventaja de cobrarse si los padres demuestran que su hijo asiste a la escuela. Mientras tanto, el hacinamiento, la delincuencia y los nacimientos incontrolados continúan, como si tales ayudas no existieran. Cuando una familia es pobre durante tres o más generaciones, algo no anda bien.

Hay dos posiciones respecto de la dificultad para combatir la pobreza. Una dice que la falta de educación es la causa principal de este problema. La otra afirma que es una cuestión genética.

En relación con la primera posición, observamos que los niños reciben educación primaria a la par de los que no son pobres. Por supuesto, los niños pobres están en desventaja porque no fueron bien alimentados en sus primeros 18 meses de vida, algo importante para su futuro, según datos de la fundación que dirige Abel Albino.

Círculo vicioso. La mala alimentación, el hacinamiento y crecer en un hogar con necesidades insatisfechas no favorecen el futuro de estos niños. Allí comienzan con desventajas en comparación con los niños de clase media.

 Otra situación singular que se da en las clases pobres es la multiplicación de los hijos. Las encuestas-que son pocas-dicen que la clase pobre se multiplica dos veces y media en relación con las clases medias. De ser así, el asistencialismo no parará de crecer. Y, por supuesto, la crianza de los hijos se debilita por la falta de recursos para todos.

Vemos aquí que la educación parece no ser suficiente para sacar a los pobres de esa condición.

La otra posición sobre el origen de la pobreza manifiesta que hay problemas hereditarios de difícil solución. Si un niño nace en un hogar que ya tiene a sus padres y abuelos en la condición de pobres y, además, no es alimentado de manera correcta, es probable que en el futuro sea otro pobre que se agrega a los ya existentes. Sus genes no vaticinan un porvenir venturoso. Condenado a seguir viviendo en la pobreza, es probable que termine pidiendo ayuda en la calle o se transforme en un nuevo delincuente.

¿Puede un joven nacido con padres y abuelos pobres y acostumbrado al asistencialismo pensar en trabajar para salir de su condición? No lo sé. Hay quienes dicen que nuestros inmigrantes europeos vinieron con una mano adelante y otra atrás, pero tuvieron el tiempo y la oportunidad para dejar la pobreza.

¿Era una cuestión genética o de educación? Vale la pena pensar cómo se puede abandonar la pobreza crónica. Porque si no solucionamos este problema, el futuro de Argentina será desparejo.

Los políticos dicen que no hay trabajo. Pese a la ayuda recibida de parte de este gobierno, sigue habiendo amenazas de piqueteros de volver a salir a las calles. Mientras tanto, continúan llegando inmigrantes de los países limítrofes dispuestos a trabajar de lo que sea para salir de la pobreza, que también sufren en sus lugares de origen. El debate está planteado.

pie-Dr-Valeriano-colque

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