Historia de uno mismo – Por: Alejandra Segura

A veces es importante recordar quién es uno, de donde viene, quienes son sus antepasados, los lugares que recorrió para llegar hasta donde está…

En esta Era, en donde se prioriza al ser humano, en algunos círculos, los que saben, recomiendan hacer un paráte unos minutos cada día y mirar hacia nuestro yo interior, ese que está muy dentro y por allí perdemos de vista…

Los profes de historia repetían en mis aulas, que había que estudiar el pasado para entender el presente y analizar o avizorar el futuro, por eso me parece que con pequeños cambios nos aplicaría mirar nuestro pasado para entender el presente y mejorar nuestro futuro.

Está bueno recordar entonces cómo nos llamamos; porque nos pusieron ese nombre; como nos gusta que nos llamen; a qué escuela primaria fuimos, a qué secundaria y qué nos paso entonces; a qué universidad o terciario; qué trabajo fue el primero o la primera pasantía.

Cuándo elegimos decidir nuestras propias cosas y comenzamos a imponer nuestro sentir, nuestro pensamiento; cuándo nuestras decisiones fueron tomadas en serio; cuándo arrancamos con nuestro primer proyecto y sentimos que lo teníamos a Dios agarrado de adónde usted ya sabe.

Nuestro primer viaje solo, nuestros primeros pasos en el mundo real y como eso, muchas acciones, estudios y cosas que hicimos, construimos, proyectamos y más.

Y entonces llegamos al presente en donde ensamblando, entendemos que venimos haciéndonos fuertes en algunas cosas, que ya no queremos otras, que medimos con diferentes parámetros, que estamos adonde y con quien queremos estar o no, sólo porque nosotros queremos que así sea y entonces seguimos nuestro camino.

Mientras miramos hacia adentro, vemos que tenemos gente que nos quiere desde hace mucho y gente que nos quiere desde hace poco, que no nos pide nada a cambio y que nos acepta tal como somos, completos, íntegros, tal cual la persona que somos.

Y abrimos un poco los ojos y admiramos la gran escalera de la vida en donde algunos suben, otros bajan, otros están en un escalón por un tiempo, otros están para siempre en el escalón elegido y así van y vienen los días.

Mientras más nos conocemos a nosotros mismos, entendemos que hay cosas nuestras que no cambiarán y otras se adaptarán por muchas razones. Que habrá cosas y causas que defenderemos hasta morir y otras que solo serán un trabajo por algunas horas.

Habrán amores y desamores, como dicen las canciones, por los que te jugarás el alma entera, aún a perdida, porque así eres y otros “amores” que pasarán sin pena, ni gloria.

Historia nuestra y personal, conectada a otras por distintos motivos, algunos más fuertes que otros, esa historia que siempre seguimos escribiendo, esa en la que damos vuelta la página y volvemos a empezar y seguimos haciendo nuevos capítulos.

En nuestra historia habrá momentos que parecerán eternos en los que morderemos el polvo, en los que tocaremos el cielo, estarán los 15 minutos de gloria, esa paz nunca sentida, ese dolor incomparable. Estaremos solos, acompañados, en grupos y multitudes y seguiremos siendo nosotros mismos, cada vez más seguros de lo que somos.

Mientras más nos conozcamos, mientras más seamos nuestros propios amigos, mientras como dice la amiga de Carrie Brandshow en “Sex and the City 1”, Samantha Jones: “Te amo, pero me amo más a mí misma. Contigo tengo una relación de 5 años y 7 kilos y conmigo es una relación de 49 años y necesito trabajar en eso”, o sea, mientras nos amemos más, la tinta será más perenne y nuestra escritura más firme en el libro de nuestra vida.

Trabajar en conocernos, solos o con ayuda extra sin que ello suene a egoísmo, es algo que debemos practicar diariamente porque el conocernos nos hará mejores y más completas personas para este mundo en el que vivimos día a día.

Nos ayudará a mirar el amanecer, mirar hacia el futuro de nuestra vida y estaremos en condiciones de levantar la mirada, de incorporarnos y dar el paso que nos lleve a seguir con nosotros y los otros.

La idea es no rendirse en esta vida.

Rendirse sólo por no saber… no saber de nosotros mismos y de lo que somos capaces.

Sigamos entonces el consejo de Manuel Belgrano: “El miedo sólo sirve para perderlo todo”.

Y, el todo, es uno mismo…

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