Reflexiones Citadinas: …y los chicos crecen – Por: Alejandra Segura

En el canal de TV “Space” veía una publicidad sobre una película que estrenarán dentro de poco y las palabras del actor son tan frecuentes como fuertes para quien, sin tener en cuenta el vaivén de la vida, encuentra en ellas la respuesta a varias situaciones actuales.

Conversando con varias mamás de distintas provincias cuyos hijos están culminando la secundaria y otras que tuvieron la dicha de estar presentes en el examen de la última materia de la carrera universitaria de sus hijos, escuché distintas posturas respecto del futuro de esa juventud inquieta.

Algunas opinaron que estaba muy bien que sus hijos se quedaran a estudiar en sus provincias ya que los podrían ayudar o estimular de distintas maneras, otras sugerían la partida hacia otras latitudes donde entenderían el valor de muchas cosas y de alguna manera “madurarían” ciertas actitudes que por ahora no están mostrando y que les servirán para su futuro.

En el contexto de la charla también opinaron, las que coincidieron, en  que “el/la ya recibido de la universidad” debe irse fuera del país de alguna manera, a través de becas de post grados o trabajos de pasantía, por ejemplo, para conocer otras idiosincrasias y demostrar su conocimientos adquiriendo además experiencias en otros aspectos importantes para su futuro, así como la adquisición de “papelitos” que sumarán a sus curriculums vitae.

Otras estimaron que lo mejor sería que vuelvan a sus lugares de origen para demostrar que pueden mejorar o activar ideas y caminos “diferentes” en la sociedad que los vio crecer.

Y entonces la voz de Eulogia se escuchó como tímidamente en el grupo al que consultaba. Ella, junto a otras mamás del” interior del interior” como dijo alguna vez un político, comentó que coincidía con que “algunos de los chicos volvieran a sus comunidades para hacerlas crecer o darle material para que los que están creciendo tengan esperanzas de que su pueblo, pueda progresar y sumarse a los avances buenos de estos nuevos tiempos, pero que a otros era “mejor dejarlos volar como a los cóndores o que hagan como los pumas que van buscando sus propios lugares para armar su propio clan, su manada”.

Y entonces muchas recordamos las famosas frases tan repetidas por psicólogos, sociólogos y otros “ólogos” en donde hablan de que los hijos no son nuestros, son de la vida, que aprenderán lo que nosotros les enseñemos, marcarán a fuego lo que imprimamos en sus mentes y en sus corazones en valores, en diferencias del bien y del mal rescataran nuestras experiencias como posibles parámetros, tal vez se parezcan mucho a nosotros, pero son personas independientes, pensantes y con toda la capacidad de discernimiento. Nosotros procuramos enseñarles por las buenas o a través de las “chancletas”, cintos o palmadas que hoy todavía funcionan, según el decir de muchas mamás, tías y otros miembros de las familias que coincidieron en que “una lección bien dada en el momento justo está bien”.

Y en este contexto también está que nos pasa a nosotros, los padres, los que estamos del otro lado de la vida, los que ya pasamos por eso, por esas ganas de comernos el mundo, el de sentir que tenemos todo a nuestra disposición y tenemos tantas fuerzas que nos llevamos a todos por delante, quienes debemos confiar en lo que criamos, en esa “plantita” que regamos día a día y le pusimos todo lo “mejor” de nosotros , fue el momento en que escuché que algunas estaban reticentes a dejar de sentir la “sensación de abandono”, pero igual emprendían el viaje a buscar pensión o departamento para que su retoño, se instale.

Con lágrimas en los ojos, algunas confesaron que lloraron de noche por que los extrañaron mucho pero saben que es lo mejor; dos contaban que tuvieron que llevar a los papás a psicólogos para que entiendan que ya crecieron.

Entonces, Lucrecia dijo que si bien sus hijos no se fueron de la provincia, ni de la casa, es como se hubieran ido igual porque” ya no son los mismos, es como si fueran otros”.

A lo que Clara agregó que “cada vez se van más temprano, si no tenemos charlas y dialogo, entre el celular y las computadoras y sus ‘cosas’, nosotros somos simples espectadores, si es que no se transforman en entes y tampoco se relacionan con nosotros”.

Estábamos en medio de la reunión cuando de pronto quien nos servía las bebidas, pidió permiso y disculpas y puso su celular en medio de las mesas dejándolo con un tema musical sonando. Era el tema “No basta” de Franco de Vita…

Cuando caímos en la cuenta, todas entendimos que es “la vida” que sigue y que con nuestras ideas y posibilidades todas queremos lo mejor para ellos y debemos confiar en lo que sembramos mas allá de este mundo competitivo y muchas veces cruel y que debemos tener esa cuota de dialogo necesaria para pasar de ser super héroes y heroínas a seres humanos tanto como ellos y que la diferencia será siempre nuestra experiencia y el amor que les tenemos.

Ahora  los hijos no solo son los que concebimos sino los que como dice Marilina Ross, también (…) “me han ido apareciendo  por ahí, no siguen mi ADN; ni heredaron mi nariz, pero sé que tendrán algo de mí…y que de grandes volaran y vivirán su propia vida” (…)

De una manera u otra, “ellos, centro de nuestro vida, amor, cuenco de nuestra sabiduría  y esperanzas de un mundo mejor, volarán y tendrán sus propias vidas y caminos para desandar. Por eso procuremos, que tengan las armas y los valores suficientes para hacerlo y que sepan que contarán con nosotros siempre…

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