celular con gente

Reflexiones Citadinas: Cadena de rehenes – Por: Alejandra Segura

Ella está parada en el supermercado enfrente de los dulces que siempre le gustaron.

El entró con la idea de llevar la película prohibida que le interesó desde siempre.

En esa familia, de esos temas, poco y nada se habla, pero en aquella oportunidad decidieron decirse las cosas de frente aunque duelan y perjudiquen.

Y aquí está usted leyendo este escrito y yo escribiendo.

Entonces?…

Muchas veces vimos en la televisión las películas de rehenes y rescates, algunos con todo éxito y otros con poco o nada de suerte.

En la vida real también escuchamos acerca de “rehenes”, de los rescates, sobre los pagos hechos y otros que no se hicieron, los que no llegaron a tiempo, hasta escenas en TV de quienes murieron momentos que exhibirán los noticieros y que nos van a recordar que eso pasó y cuan crueles fueron y cuanto dolor causaron.

Pero usted, yo y todos, de alguna manera, cada día somos rehenes de algo, de alguien, o de alguna circunstancia.

Rehenes de la rutina

Así le llaman los más novelescos. Rehenes de nuestras propias decisiones les dirán los más fatalistas, mientras los más creativos llegarán a admitir que están fascinados o “prendidos” de la acción que genera esta situación.

Como se ve, puede haber muchos puntos de vista pero la realidad será siempre la misma.

Recurramos al bien conocido pero poco usado diccionario y allí encontraremos esta definición: Rehén: “se trata del individuo que es secuestrado por otro sujeto a modo de garantía para exigir a un tercero que satisfaga sus exigencias. El secuestrador, de este modo, puede ejercer presión, incluso amenazando con matar al rehén en caso de que no cumplan sus pedidos”.

Secuestrado- garantía –presión.

Tomemos ejemplos: Le llega la boleta de algún servicio y la debe pagar sino se lo cortan.

Si no paga, aparecen muchas llamadas; avisos, “sms” o “wsp”  que dicen: “Usted debe a la compañía…”; o “si es que no se apersona por nuestras oficinas le haremos ‘chas’ ‘chas’ en la colita” y cosas similares.

Pero, volvamos al comienzo de este relato: Ella, en el súper frente al estante, piensa que esas calorías no debe ingerirlas por la “dieta”, o que no las puede ingerir porque ahora tiene “diabetes”, o si hace esa compra, seguro va a “desenterar” para pagar la boleta de la luz o gas.

Y él, con la película porno, piensa: “Hoy no voy con el grupo a festejar”.

Es que ahora ya tiene pareja y las cosas cambiaron, además, por desgracia, ayer lo echaron del trabajo y si gasta en esa película, no tendrá para “comer” mañana.

Ante esto, seguramente verá que, como ellos, usted y yo también somos rehenes aunque de diferentes cosas, acciones u objetos.

Sólo por un momento hagamos el ejercicio de mirar en nuestro alrededor y descubrirá que la mayoría hoy, es rehén de su celular y hasta algunos ya padecen el “Síndrome de Estocolmo” con él.

Todo el tiempo tomamos decisiones y accionamos hechos que provocan cambios en la vida de la gente que nos rodea, que cada uno los ve y los vive de manera diferente, pero todo estará bien sino sentimos y sienten esa sensación de estar “prisioneros” de una esperanza, de un rencor, de una ilusión, o de otras cosas.

Si no es así, sentimos que somos “secuestrados” por nuestras propias palabras, acciones y elecciones.

Rehenes de la política

Por estos días en distintos cafés pero principalmente en reuniones a puertas cerradas, ya se comienzan a organizar las huestes políticas y entonces vemos como allí, “prisioneros” de una idea que hoy ya no comparten, pagarán lo que sea a manera de “fianza” para ser “libres”.

Otros pensarán que eso no será posible ahora, por lo tanto tendrán que seguir “cautivos” hasta que llegue la gran elección del año 2019.

Mientras, y desde el otro lado, los “captores”, esperan poder hacer uso de la estrategia, presión, negociación o lo que sea para llegar al cargo deseado.

“Me debes”, se escuchará decir por allí, mostrando de esta manera a otro individuo “prisionero” de “una idea “o de un “favor”, y quizás él llegará a hacerle lo mismo a otros, aunque en otro grado o en otras circunstancias, pero articulando y manteniendo viva de esa manera esto, perverso por cierto, que llamamos, “cadena de rehenes”.

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